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Argentina, Irán y su incorporación a los BRICS

Martin Martinelli *

Publicado: jueves, 13 octubre 2022

Las naciones del BRICS en su conjunto representan el 22% de la superficie continental, el 42% de la población mundial, el 24% del Producto Bruto Interno (PBI) global y contribuyen con el 16% de las exportaciones y el 15% de las importaciones mundiales de bienes y servicios.

La inminente incorporación de Argentina e Irán a los BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica implica una nueva pieza del rompecabezas geoestratégico, geoconómico y geopolítico. Conformarían una faja cuatricontinental que excluye la Tríada: Europa occidental, Japón, Estados Unidos. Entonces, serían cuatro de los países más importantes de Eurasia, más uno de África, más dos de América. Entre los siete países totalizarían 3336 millones de personas casi la mitad del mundo. 

Las relaciones tanto culturales, económicas e incluso en tecnología incluyendo la nuclear será favorecida por sus incorporaciones en este proyecto multipolar, resaltando los movimientos de placas tectónicas, así como las nuevas dinámicas globales. Irán es también miembro de la Organización para la Cooperación de Shanghái y Argentina de la Ruta de la Seda. Se acercan más entre estos países al mismo tiempo que otros interfieren en sus relaciones tratando de enemistarlos. Una asociación de tal magnitud refleja los desplazamientos geoeconómicos que se vienen operando en las últimas cuatro décadas, mayormente pronunciados desde la crisis capitalista del 2008, luego con el anuncio de la Belt and Road Initiative (BRI) de 2013 más el tratado entre Irán y China (25 años desde 2021), la integración de Argentina a la también llamada Nueva Ruta de la Seda y la remembranza del medio siglo de relaciones de ese país con China.

La candidatura de Irán y la aceptación del ingreso de Argentina a los BRICS+ (2009-continúa), se producen en un momento que podríamos denominar como “nueva era geopolítica” o nuevo orden mundial, donde los cambios hegemónicos transgreden sobre todo por la demonización de la cultura y la política iraní (la condición de la mujer la abordaremos  próximamente), de la cual en lugar de conocerse se estereotipa un país como que apoya movimientos considerados supuestamente terroristas por el occidente colectivo –esto divulgado desde la anglósfera–. Algo que no es gratuito, sino que se manifiesta en al menos dos aspectos, en el control sobre el plan nuclear iraní y las sanciones económicas que lo condicionan. 

Argentina e Irán en particular, tanto en la cooperación Sur-Sur como en el peso específico que adquieren países considerados subpotencias, que inciden denodadamente en la nueva configuración del escenario global. En ese sentido la realización del mundial de fútbol como mayor evento global pone sobre la mesa, y adquiere una relevancia inusitada en este tablero geopolítico mundial, la zona del Golfo en particular, y los países sudamericanos a partir del deporte, de alguna forma se convierten en tema parte de los debates. El escenario es la reconfiguración mundial donde tres grandes potencias, pero sobre todo dos, se enfrentan con modelos bastante diferenciados, el dragón chino y el águila estadounidense. Una política sostenida en un belicismo estructural frente a un despliegue geoeconómico.

A estos efectos el pacto y por lo tanto el desarrollo nuclear de Irán cobran gran importancia. Y las relaciones sur-sur, de dos países con una gran relevancia cada uno en su región, pueden acercarse a través del marco de los BRICS+ que al parecer entraron en una nueva fase de consolidación. A eso se le suman, los nuevos organismos multilaterales que vendrían a socavar el poder hegemónico de aquellos entes internacionales fomentados desde y por Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial y Bretton Woods, como el FMI, Banco Mundial, OTAN. Eso denota la asiatización de la economía y por ende una reaparición y revalorización del rol actual. A esto agrego, se generará una reescritura de la historia de estos países que fueron centrales en diferentes momentos históricos y ahora retoman ese sendero.

La región llamada Medio Oriente ampliado o Asia Sudoccidental detenta alrededor del 65% de las reservas mundiales probadas de petróleo y gas del planeta, y es fundamental por su proximidad a China y Rusia. Nuclea pasos centrales para el comercio internacional y sus transportes. Además, el Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico, el Canal de Suez y el Estrecho de Bab el-Mandeb, más los Estrechos Turcos implican maritime chock points. Así como destaca su participación con una de las mayores adquisiciones de armamentos y logística militar. 

Allí localizamos a Irán, Iraq y Afganistán países estratégicos de Eurasia –por lo tanto, del mundo–. Pasaron de estar suscriptos a la política occidental a ser designados como enemigos de las mismas en tres décadas consecutivas, el primero desde 1979 (inmediatamente lo siguió la Guerra Iraq-Irán 1980-88), el segundo 1991 y el tercero 2001, ambos a través de la invasión directa. Los posiciona así, su relevancia para la producción y el paso de los gasoductos y oleoductos. Por lo tanto, no es un conflicto de religiones, sino de hegemonía regional sobre los hidrocarburos y sus rutas. 

Mientras se percibe un ocaso del atlantismo, de una puja entre las dos superpotencias, China y EE.UU., la región de Asia occidental puede caracterizarse como un atolladero. El interés geopolítico y geoestratégico es acompañado de la conversión de la zona en un escenario de disputa efectivo. Esto no significa que en otras regiones no haya conflictos, sino que allí podemos corroborar el nivel de contienda, a lo largo de la segunda parte del siglo XX y lo que transcurrió del XXI, es decir desde la independencia política de estos países, cuya relativa novedad histórica como Estados nación contemporáneos, es de alrededor de siete décadas.

Estados Unidos se erige como superpotencia protectora del capitalismo global, entre otras, una función es la que ejerce el Pentágono a través de una serie de conflagraciones. Se sirve del complejo militar-industrial para tratar de disciplinar los conflictos. Es semejante al colonialismo clásico, pero con un nuevo lenguaje, al que sus reivindicadores justifican a través de la ideología del “choque de civilizaciones” o sus variantes. 

La acción imperial ha resultado una necesidad para asegurar la reproducción del capitalismo. Se recrea a través de la guerra como sus antecesores, y ahí radica una diferencia crucial con la forma de expansión china. Las confrontaciones de antaño entre potencias, pasaron a una serie de invasiones imperialistas coordinadas por Estados Unidos. Esta potencia confecciona un sistema de explotación para controlar el petróleo, los minerales y materias primas, así como su transporte, mediante la intervención de su ejército (con su presencia o invadiendo, o con sanciones unilaterales), lo cual engendra un aumento de la desigualdad.

El belicismo es tan estructural como la competencia por los beneficios surgidos de la explotación. No solo se trata de las luchas por el poder, de los individuos o de los países, sino de las tendencias de la acumulación capitalista a escala global. Una forma de dominación actual se instituye a través de bases militares en espacios aliados u ocupados por las potencias. 

Desde la décadas de 1980 y 1990, el centro capitalista llevó a cabo un cambio estratégico hacia políticas neoliberales y evolucionó hacia su fase neoimperialista. El final de la URSS en 1991, instó a una serie de transformaciones, como la recomposición de la nueva Rusia y el crecimiento económico exponencial chino, con el declive del eje europeo franco-alemán y Japón. La alianza chino-rusa empezó en julio de 2001 con la creación de la Organización de Cooperación de Shanghái, una asociación estratégica integral. 

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), cuatro meses después, ocupó Afganistán tras el 11 de septiembre de 2001, en las adyacencias ruso-chinas, con 300.000 soldados. Las incursiones fueron emprendidas para aplastar a los países no alineados a sus políticas como Irak o Afganistán. Su estrategia era evitar el fortalecimiento de rivales potenciales como China dependiente del suministro de hidrocarburos o Rusia, frenada por tres sucesos. La irrupción neoliberal de la década de 1980 a 2008 reestructuró el capitalismo global. Produjo nuevos centros de acumulación de capital, especialmente en China. Pero, EE.UU. se empantanó en Irak, en una guerra contrainsurgente. Obstaculizó su hegemonía sobre Medio Oriente y sus reservas energéticas, además de que, la recesión afectó su economía desde 2008.

Asia Central y sudoccidental resultan centrales en esa disputa geopolítica y geoestratégica. Sus iniciativas propias y sus características, más sus hegemones regionales y el potencial de sus rebeliones populares, exhiben reticencias a su dominación. La Ruta de la Seda en curso, señala una vía férrea proyectada desde China hacia Teherán, Estambul, Berlín, esas relaciones podrían pacificar, están por verse los cambios que redunden en la zona analizada. Si continúa su desarrollo sería factible que puedan recomponerse de parte de su pasado reciente más beligerante. Podríamos sostener que la estrecha alianza chino-rusa es el factor geoestratégico de mayor preponderancia. Indica la clave de un cambio de época en esta nueva centuria.

Estados Unidos está en una situación de una decadencia hegemónica un declive en lo económico que viene de hace tiempo. El que Irán y Argentina se unan a los BRICS+ demuestra una mayor multipolaridad a nivel mundial. El dato es que la correlación de fuerzas está cambiando, y estas asociaciones a las que se sumarían países de dos regiones: una la costa del Golfo Pérsico y uno de los Estados más relevantes en varios sentidos de la zona y el otro, si bien ya está Brasil, corrobora un acercamiento más horizontal si bien dentro de la organización encontramos superpotencias en diversos campos. 

Una lectura posible es un mayor equilibrio en las decisiones de los hechos a nivel mundial que desde 1945 han estado marcados, medio siglo por países capitalistas frente a los socialistas, más las revoluciones e independencias en el mundo colonizado, para llegar a las últimas tres décadas donde se pasó de un mundo pretendidamente unipolar a uno de mayor paridad por la importancia que recobran países nuevamente potencias y otros de segundo orden como Irán y Argentina. Párrafo aparte merecen las rebeliones actuales en Irán que podemos abordar en un nuevo texto.

* Doctor en Ciencias Sociales y Humanas y profesor de Historia en la Universidad Nacional de Luján

1 Comentario

  1. Avatar

    0muy buenos los artículos que leí. Gracias

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