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CHILE ¿Se abrirán por fin las grandes alamedas?

Lido Egisto Iacomini *

Publicado: viernes, 23 septiembre 2022

La derrota en el reciente plebiscito por aprobar o no el texto elaborado por la Convención Constituyente, sin dudas demorará el arribo a ese día soñado por  Salvador Allende, el ya más grande héroe mítico chileno. Entre ese amanecer esperado y la actualidad, muy probablemente se abre un período político complejo y duramente disputado.

El inevitable llamamiento a elecciones de nuevos constituyentes, le da a la oposición de derecha (y por ende al solapado pinochetismo) una oportunidad inmejorable para recomponer sus fuerzas y continuar debilitando al gobierno de Boric. Cuenta a su favor con el rechazo de las grandes mayorías a los postulados progresistas sostenidos en este primer intento perdido de construir una nueva Constitución.

Se le presenta al gobierno un doble desafío: diferenciar las dificultades de su gestión de gobierno de los objetivos históricos y permanentes en una segunda propuesta de entierro de la vieja Constitución neoliberal y dictatorial. Y a la vez, dada la derrota, moderar las justas aspiraciones a cambios profundos en ese texto con el mantenimiento de los postulados transformadores que dieron lugar a una primera propuesta que eran esencialmente justos. Una nueva versión, chilena, del viejo dilema entre reforma y revolución. Entre los objetivos tácticos y los estratégicos.

En los prolegómenos del primer llamado a enterrar la Constitución pinochetista, afirmábamos en un programa radial que uno de los problemas de la etapa, era la carencia de un movimiento nacional y popular con una estructura política más o menos organizada y por el contrario con una crisis de sus partidos políticos provocada por su complicidad con el neoliberalismo. Los gobiernos de la Concertación se identificaron con sus principios económicos, logrando hacer crecer su macroeconomía a la vez que construían uno de los países más desiguales del continente. Lo consiguieron también al costo de no ajustar cuentas con el pasado dictatorial y la impunidad con los criminales responsables. 49 años pasaron del golpe de aquel 11 de Setiembre y ese fantasma del pinochetismo sigue rondando insepulto. 

Pero la decisión de una nueva Constitución es un mandato ya plebiscitado y vigente. Concretarlo implica una batalla en la conciencia del pueblo y en su cultura política. Boric y su gobierno han ratificado ese rumbo pero su gestión no parece tener la voluntad política suficiente: se ha enfrentado con el conflicto mapuche bordeando una actitud represiva que no condice con los objetivos multiétnicos prometidos. Se ha desviado de una concepción latinoamericanista al excederse en su crítica a Venezuela y Nicaragua. Y no parece firme en la defensa de una economía nacional soberana (la conducta que se adopte sobre la explotación del litio será prueba de fuego en este terreno). Hasta ahora navega entre tirios y troyanos no satisfaciendo a la izquierda y los sectores populares ni tampoco a la derecha que no se conforma con tibias concesiones. Siente al gobierno herido por su derrota en este primer intento constitucionalista, huele sangre y va por todo.

Volviendo a aquellas afirmaciones preelectorales: Chile sigue careciendo de una construcción política acorde al nivel de las luchas populares del 2019, los independientes surgidos de aquel período fuertemente antipinochetista están carentes de partido y programa,  el Partido Comunista fue a una interna que incineró, al menos de momento, a su mejor candidato, Jodué y otra parte de la izquierda sigue entrampada en las redes de la Concertación. 

Pero es en la carencia de una visión geopolítica correcta donde estriba su mayor debilidad. La falta de una perspectiva latinoamericanista impide asumir su pertenencia al triángulo del litio como un proyecto común, capaz de potenciar las capacidades productivas, científicas y técnicas de cada país por separado, aprovechando a su vez la mayor escala. Chile, Bolivia y Argentina pueden aspirar a explotar el ciclo industrial completo que se inicia en el codiciado mineral. Y más aún si asocian a Brasil que posee una industria automotriz íntimamente ya complementada con Argentina. El automóvil eléctrico, en gran parte del planeta es ya un presente floreciente y esto se multiplicará inexorablemente empujado por el cambio climático insostenible y la lucha por terminar con el petróleo y sus derivados contaminantes. Por supuesto que hay todavía poderosos intereses internacionales que se oponen a esta perspectiva y pretenden llevarse la materia prima con el menor valor agregado posible. Para ello EEUU se aferra a mantenernos como su patio trasero e impedir que las potencias emergentes como China salten el alambrado.

Ahora que América latina ha iniciado una nueva ola de gobiernos populares y progresistas es preciso consolidar esos cambios y emprender con audacia el camino común de la Patria Grande. Sólo así, construyendo un nuevo polo político, productivo, económico y financiero,  contribuiremos a la creación del mundo multipolar que soñamos.

Los desafíos de la coyuntura para Chile, son muy grandes: habrá que construir a toda máquina para que se abran por fin las grandes alamedas.

* Editor Responsable

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