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Fin del orden unipolar, soplan vientos de cambio

Martin Martinelli *

Publicado: viernes, 23 septiembre 2022

Israel y Palestina (e Irán)

El año que viene, 2023, se cumplen dos siglos de la doctrina “Monroe” de 1823 –América para los estadounidenses–, esto es para Nuestramérica. Entretanto, el resto del mundo ha sufrido, sobre todo los pueblos como suele ser, la maquinaria militar oprobiosa de dicha potencia desde 1945. En los últimos treinta años, posterior a la implosión soviética, pretendido ejercer una unipolaridad, el Proyecto del Nuevo Siglo Americano (PNAC en inglés). 

En 1999, la OTAN destruye y disecciona Yugoslavia, en la propia Europa, o sea la balcanización, el divide y reinarás. Sin embargo, en 2001 emerge la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), la alianza China-Rusia tan temida por el país anglosajón. Seis meses después, invaden en una pretensión de recolonizar la región, llegar a esas potencias Afganistán (2001) nuevamente Iraq (1991, ahora 2003) y rodear a Irán. Los dos primeros sufren cuatro décadas, sí cuatro, de guerras casi ininterrumpidas de variada índole, en el corazón de Eurasia (el Heartland).

Asistimos hoy a un declive hegemónico estadounidense, que no es a corto plazo, sino que lleva varias décadas. Algo evidente en el porcentaje de productos manufacturados allí, que en setenta años descendió de la mitad de la producción mundial al entre 18 y 19% actual. A su vez, está acompañado de la crisis en Europa, pero sobre todo de una asiatización de la economía, que se ha ido trasvasando desde la tríada (Estados Unidos, Europa Occidental y Japón), del imperialismo colectivo al Sudeste Asiático, y de manera exponencial a Eurasia. 

En estos días se reunió la Organización de Cooperación de Shanghái, el mayor bloque regional del mundo, que engloba cerca de la mitad de los humanos y más de un tercio del Producto Bruto global. La componen Rusia, China, la India, Pakistán, Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán y Kazajistán, a los cuales se sumarán Irán y Bielorrusia. Este grupo se complementa con el BRICS+ Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica a los cuales se les sumarían inminentemente Argentina e Irán. 

Dichos organismos se integran con otros de Eurasia como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP en sus siglas en inglés, liderada por el gigante asiático) y muestra un contrapeso con las otras de cariz militar como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN 1949-), que sobrevivió a su opuesto “Pacto de Varsovia (1955-1991)”, actualmente en expansión (30 países) bajo las prerrogativas de la anglósfera, sobre todo del eje Estados Unidos-Inglaterra-Israel. A estos se suman otros aliados más directos como Japón, Canadá, Australia, Corea del Sur entre otros.

El país Israel, en este mapeo geopolítico, funciona como enclave –aparte de colonizar y oprimir a los palestinos– de presión sobre Irán. Observable en el asesinato de Qasem Soleimani, el de Mohsen Fakhrizadeh, uno de los arquitectos del programa nuclear de Irán liquidado por la agencia de inteligencia de Israel, el Mossad, por la injerencia retroalimentada con Estados Unidos respecto al pacto del desarrollo nuclear de Irán controlado por los 5 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU: China, Francia, Rusia, EE.UU. y Reino Unido más Alemania, del que la potencia norteamericana se aisló unilateralmente y aún está en tratativas.

Vislumbramos tres ejes de presión y tensión directa: Israel, Ucrania, Taiwán, sobre las tres potencias euroasiáticas Irán, Rusia y China. Las tres primeras se erigen como bases de provocación incitadas por Estados Unidos a los tres gigantescos euroasiáticos (faltaría India). Igualmente se añaden otros y se alinean a los establecidos en la posguerra en Japón, Alemania y Turquía. Sin embargo, esto cambia dado el acercamiento turco a la OCS más reciente, así como la reunión en Teherán, Irán, de los presidentes de Irán (Raisi), Rusia (Putin) y Turquía (Erdogan). Al mismo tiempo, Ucrania se ha convertido en una bomba de relojería contra la propia Europa y en preferencia contra una Alemania dependiente del gas ruso.

Israel además posee armamento nuclear, y ejerce un rol coimperial de Estados Unidos, amparados en la culpabilidad occidental por la Shoa, la masacre de judíos europeos por el ejército alemán. Esto significa que sufrieron como población la criminalidad del aparato nazi, en un contexto lamentable de entre sesenta y setenta millones de víctimas a nivel mundial, con el peso mayor recayendo sobre los soviéticos con más de 25 millones de almas perecidas.

El acrecentamiento y la importancia de Israel, a nivel regional pero también internacional para el llamado Medio Oriente y para África, se objetaría por no ser potencia ni en gas, petróleo y mucho menos en población o territorio. Sin embargo, se explica por su rol coimperial de la superpotencia americana. Y por eso tratan de ocultar su violencia cotidiana frente a los palestinos, a los sirios, libaneses.  Quienes comparten su territorio son colonizados y los más damnificados por el apartheid israelí que denunciaron organizaciones de nivel mundial como B´Tselem, Human Right Watchs, organismos de las Naciones Unidas y un gran conjunto de intelectuales que contradicen la agenda de los medios de “comunicación” hegemónicos. 

A Israel, oficialmente, el Pentágono le asegura una ventaja militar cualitativa en la zona. Eso lo corroboramos además por la cantidad de bases militares existentes en la misma, aumentadas desde 1991, así como aumentaron las intervenciones estadounidenses de esa arista contándose por ellos mismos en 250 alrededor del mundo (470 desde 1798 hasta hoy), con mayor énfasis en el denominado “Gran Medio Oriente”. 

Israel funciona como un aliado estratégico, (similar a Arabia Saudita, solo que con rasgos culturales afines) de Estados Unidos por el lobby pro-israelí, los casi 7 millones de israelíes que se equiparan, por un lado, con igual número de palestinos entre las “fronteras” de Israel-Palestina y, por otro, con igual número de judíos en el país norteamericano. Ese poder decisor al interior del país de mayor gasto militar del mundo, previsto en más de 800 mil millones de dólares (su contracara es China sacando de la pobreza extrema a 800 millones de su pueblo), está en una política entrelazada que marcó la destrucción de potencias estatales laicas como Libia, Siria, Iraq, Afganistán y Yemen, que oprime a Palestina, y que provoca a Irán.

Este último caso de fricción nos atañe ya que delinea un parteaguas, por ser aliados de los bloques que hoy día se ven antagónicos, de cercanía a Estados Unidos uno y el otro a Rusia y China, las máximas potencias mundiales. Pero nos devuelve a la cuestión del uso de los países como arma de provocación. Puesto que para un observador que desconozca el tema, lo primero que salta a la vista es, como un país de unos 7 millones de personas pretende desafiar a uno de más de 80, algo cuanto menos llamativo. Y nos transporta a la cuestión de ¿qué país está detrás de las jugadas geopolíticas israelíes? un país que se pretende europeo hasta en las competencias deportivas. Aunque, se localiza en una zona neurálgica del sistema mundial. 

El ejército de ese país de la costa Mediterránea urde una telaraña con el gigante norteamericano, una estrategia de dominación y neoimperialismo para la zona. Área sustancial como palanca principal para ejercer supremacía sobre el resto del mundo y más aún sobre sus competidores hegemónicos. Las víctimas en este centro asiático-africano son los millones de refugiados, los muertos, las nefastas consecuencias mentales para las familias, la destrucción causada en las vidas de cada uno, que resisten, pero que necesitan imperiosamente que descienda el nivel de violencia latente y permanente por el que se hallan rodeados.

Mientras que para los grandes medios corporativos siempre existe un país bueno y otro villano en la historia, nosotros no seguimos ese criterio. Lo cierto es que muchos se preguntan de dónde surge tanto poder de Israel, la respuesta comenzamos a darla aquí, proviene de Estados Unidos, su socio estratégico.  

* Doctor en Ciencias Sociales y Humanas y profesor de Historia en la Universidad Nacional de Luján

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