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Hora de hablar claro y actuar en consecuencia

Ruben Guzzetti *

Publicado: jueves, 13 octubre 2022

En la compleja transición por la que atraviesa el conjunto de la sociedad global, sometida a la dictadura hipócrita del capital financiero internacional a través de sus estados cómplices, las empresas transnacionales y las instituciones disciplinadoras, nos enfrentamos al intento de un reseteo global que les garantice la continuidad de un sistema de acumulación insostenible tanto por los límites de la naturaleza como por las inequidades que reproduce y las resistencias que genera.

Este sistema, que no es otra cosa que el capitalismo en su etapa eminentemente financiera, conocido como unipolarismo de discurso único, nos está llevando al borde de una guerra nuclear con tal de sostener el privilegio y la acumulación de riqueza de unos pocos.

Esto ocurre, paradójicamente, en el momento donde la sociedad humana a alcanzado un nivel de producción de bienes materiales nunca visto antes basado en un acelerado desarrollo científico-tecnológico, lo que ya nos permitiría el autoabastecimiento global y erradicar todo vestigio de pobreza.

Sin embargo, debemos seguir conviviendo con desigualdades insultantes, vulneración de derechos, pandemias y protección de patentes, un descontrolado cambio climático, desplazamiento forzado de poblaciones y distintas guerras con sus consecuencias.

Mientras este poder anglosajón unipolar y destructivo sigue intentando evitar lo inevitable, su caída irremediable, un conjunto de estados y sectores de distintos pueblos luchan por un nuevo mundo, más democrático, solidario, armónico, humano y equitativo.

Pero también es cierto que una amplia franja de la población mundial se debate entre la indiferencia, la confusión y la desesperanza, sometida a un acoso permanente por las grandes cadenas de desinformación y manipulación occidentales que tratan de incorporar la idea de que todo está perdido, que no vale la pena luchar, que siempre fue todo igual, que con los poderosos no se puede, etc., etc., en síntesis, mellar la autoestima de los pueblos para así ellos poder avanzar con su reseteo maltusiano. Es decir, si la naturaleza no soporta este descontrolado consumismo entonces eliminemos una parte de la población mundial para seguir haciendo lo mismo. Egoísmo intrínseco de un sistema que gobernó el mundo durante más 600 años y hoy llega a su fin.

Rusia parece estar signada por la historia para intervenir en momentos claves de la misma, desde Alejandro Nevski a Pedro El Grande, desde la contención del imperio napoleónico hasta librar al mundo del nazi fascismo.

En el año 2014 se produce el llamado “euromaidan”, golpe de estado en Ucrania que instala en el gobierno al neofascismo, con la inocultable colaboración de los gobiernos y servicios de inteligencia de EE.UU. y el Reino Unido. Fuerzas que responden al nuevo gobierno queman vivos a 50 trabajadores en el edificio de los sindicatos en Odesa. Crimea y el Donbas, regiones con alrededor del 80 % de la población ruso parlantes, se resisten al golpe. Durante 8 años estas localidades son bombardeadas por Kiev.

En Crimea se hace un referéndum en 2014 y se incorpora a Rusia, en el Donbas se realiza otra consulta popular entre el 23 y el 27 del mes de septiembre de este año y con un promedio de más del 90 % de aprobación deciden ser parte de la Federación de Rusia.

Con todos estos antecedentes el 30 de septiembre el presidente Putin, amparándose en el artículo número 1 de la Carta de las Naciones Unidas referida al respeto de la autodeterminación de los pueblos, firma en el Kremlin, el acuerdo de adhesión de la Republicas de Lugansk y Donetsk y de las Provincias de Jerson y Zaporozhie. Acuerdo ratificado por la cámara baja de la Duma el 3 de octubre y por el senado el día 4 del mismo mes. Un día después el presidente firma las incorporaciones a la Federación.

En el acto de bienvenida a los nuevos ciudadanos, desarrollado en Salón de la Orden de San Jorge del predio del Kremlin el presidente Putin pronunció un discurso que marca un punto de inflexión histórico.

El momento es crítico, Rusia ha sido cercada por la OTAN y castigada duramente por Occidente con las ilegales medidas coercitivas unilaterales, la nación está en riesgo. El bloque financiero anglosajón sueña con desmembrar a Rusia como lo hizo con la ex Yugoslavia en 1999.

El presidente Putin toma la palabra y logra estar a la altura del desafío. Dice lo que muchos saben, pero se callan por complicidad de clase o cobardía.

Comenzó rindiendo honores a los caídos en la defensa de la patria. Reivindicó el rol fundamental de la URSS en el proceso de descolonización global. Critico a las ultimas autoridades soviéticas antes de su disolución, por no haber escuchado la voz del pueblo que por más del 70 % (corroborado en referéndums) se oponía a su disolución.

Desnudó como pocos las atrocidades de un sistema capitalista: colonial, esclavista, depredador, guerrerista y destructor de la naturaleza en aras de su acumulación infinita.

Explicó como Rusia fue forzada a la operación militar especial.

Relató como Occidente chantajea y presiona a los que se rebelan a su mandato. Entre los años 1990 y 2000 impusieron el neoliberalismo en Rusia, la destrozaron económica y financieramente, pero bastó que la nación se pusiera de pie, defendiendo la soberanía para convertirse en autoritarios y enemigos de la democracia.

Cuando Occidente somete a los pueblos estos adquieren la categoría de socios o amigos, cuando defienden su soberanía pasan a ser autócratas y antidemocráticos.

Denunció quién fue el único país que uso armas nucleares en Hiroshima y Nagasaki. Como Occidente se hizo fuerte sometiendo a la India, a China, a África, a gran parte de Asia y América Latina.

Explicó la hipocresía anglosajona que por un lado plantea la necesidad de normalizar la exportación de granos desde Ucrania, pero por otro esos envíos terminan en los países europeos, en un 95 %, y a los países pobres solo llega el 5 %.

Sostuvo que la situación que vivimos no es nueva, siempre Occidente resolvió sus contradicciones con guerras, así lo hizo en la primera, en la segunda Guerra Mundial y ahora intenta lo mismo.

Se comprometió a que Rusia hará todo lo posible para hacer entrar en razones a los “exaltados”, y afirmó: “Nada será lo mismo que antes”. “Occidente no tiene más que ofrecer que su sistema de saqueo y chantaje”. “El mundo entró en un periodo de transición revolucionaria multipolar”, “la ruptura de la hegemonía Occidental es irreversible”.

Al final de su intervención apeló a la unidad del pueblo en esta hora decisiva sobre la base de la soberanía, la libertad, la creación y la justicia.

En fin, un discurso memorable en defensa de su nación y de una nueva era que ponga fin a la determinación del destino de la humanidad sobre la base de la voluntad unipolar.

La propia dinámica de la evolución del conflicto en Ucrania está llevando al gobierno de Putin a tomar medidas radicales en defensa de la nación, teniendo que apelar a la movilización popular, acercándose al decálogo socialista que en otras instancias iluminó la patria de Gorki y Makàrenko.

Las expresiones del presidente establecen un punto de inflexión entre el occidente anglosajón y los países emergentes, en uno de sus tramos manifestó: “ya nada volverá a ser como antes”, del 24 de febrero de 2022.

Se podrá disentir con algunas políticas del actual gobierno ruso, inclusive con algunas posiciones conservadoras de género sostenidas en este discurso, pero no se puede negar que hoy es la nación que enfrenta, en primera línea, pagando el costo correspondiente, el avasallamiento global del unipolarismo.

El discurso de Putin nos mueve a pensar en la zaga ineludible de la construcción de un nuevo mundo: buscar la verdad en los hechos, la dignidad y la memoria en la historia y la soberanía en el interés de los pueblos, con coraje y audacia, confiando en la capacidad creadora de los pueblos para arribar a un nuevo sistema planetario basado en la solidaridad, la ayuda mutua y la armonía comprendiendo que todas y todos habitamos una casa común.

Putin hizo un discurso que debería hacer reflexionar a gobernantes y gobernados, nos interpela sobre ¿Qué hacer? – ¿lo posible o lo necesario? Es hora de hablar claro, definir posiciones y actuar en consecuencia.

* IADEG-IDEAL-CEFMA

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