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INFLACIÓN MUNDIAL Y NACIONAL

Jorge Molinero *

Publicado: miércoles, 30 noviembre 2022

La elevada inflación internacional es el resultado de varias contracciones de oferta en el mundo. La guerra comercial iniciada en 2018, que impuso altos aranceles norteamericanos a determinados productos chinos (acero, aluminio y otros) fue continuada por la guerra tecnológica con bloqueos a la exportación de chips avanzados norteamericanos y sus crecientes derivaciones. El Covid en 2020 – en un intento de aislar el virus- bloqueó la producción en distintos lugares del planeta, desarticulando las cadenas globales de valor. Desde febrero de 2022 se suma el cierre a la exportación de energía y cereales de Rusia a Europa y otros países.  Los distintos desacoples se retroalimentan con los nuevos bloqueos de producción y exportación por Ómicron en China y las crecientes tensiones geopolíticas.

La inflación actual tiene características diferentes a la estanflación (estancamiento con inflación) de los años ´70. La actual no es de demanda y los niveles de deuda son mucho más altos. Si se llegasen a dominar las tensiones inflacionarias por las consecuencias del Ómicron y estabilizar los precios de granos y petróleo – en caso de terminar o continuar la guerra en Ucrania sin desbordes apocalípticos – quedará la presión sobre los precios mundiales del desacople entre China y Estados Unidos, proceso de mayor alcance que recién comienza a observarse en la caída de exportaciones de chips avanzados y equipos relacionados al país asiático. Estados Unidos deberá utilizar otras fuentes de abastecimiento incluidas la producción propia para todo el amplio abanico de productos chinos que contienen chips norteamericanos. Pero todas esas fuentes alternativas son más caras por el mayor costo de la mano de obra y las cuantiosas inversiones y escala de producción en China, país que hoy representa casi el 30 % de la producción industrial mundial frente al 16 % de Estados Unidos. 

Inflación mundial 

Luego de un largo período de baja inflación, incluida deflación en algunos países el año de la pandemia, ha vuelto a crecer fuertemente en 2022 como consecuencia de la guerra Rusia-Ucrania. Comparemos la inflación para 2018/2021 con doce meses a octubre 2022. 

Inflación Países Importantes Seleccionados

País2018201920202021A OCT.2022
China1,94,5-0,31,82,1
Japón0,90,5-0,90,53,7
Francia1,91,6-0,23,36,2
Estados Unidos1,92,11,57,47,7
Alemania1,71,5-0,75,710,4
Reino Unido2,11,30,65,411,1
Italia1,20,5-0,34,212,6
Rusia4,33,04,98,412,7
Ucrania9,84,15,010,021,5
Inflación a fin del período al consumidor final. Fuentes: a) 2018 a 2021: FMI (WEO). b) 12 meses a oct.2022: https://tradingeconomics.com 

El FMI estima una inflación del 9,1 % para el mundo en 2022. Dentro de los países seleccionados, en 2019 – primer año completo de la guerra comercial – la inflación más elevada fue la de China, pasando de 1,9 a 4,5 %. Luego en el primer año de pandemia la caída de la actividad económica produjo deflación en varios países y una reducción menos significativa en Estados Unidos. El 2021 se comienzan a sentir las tensiones entre la mayor demanda (los involuntarios ahorros acumulados de los hogares en 2020) y las restricciones de oferta (incluidos fletes) resultado de la desorganización productiva y distributiva en China por el Covid. En 2022 es la guerra en Europa, afectando mucho a Ucrania y Rusia, pero también a las principales economías europeas. La inflación en Estados Unidos es significativamente superior a la de China, su principal proveedor comercial.

En Europa está producida por el desacoplamiento con Rusia resultado de la guerra mientras el beneficiado es Estados Unidos que exporta más armas, cereales y parcialmente reemplaza el gas ruso con gas comprimido más caro enviado en barcos. La actual inflación en EEUU está muy influida por la disminución de la oferta china resultado de la política de Cero Covid con que el gobierno chino enfrenta el brote de Ómicron, los elevados derechos arancelarios (acero, aluminio, etc.) impuestos a los bienes importados desde el país oriental desde 2018, y el incipiente desacoplamiento en chips avanzados con todas sus derivaciones. Ómicron ha limitado en 2022 exportaciones chinas por más de dos meses desde el importantísimo puerto de Shanghái, y los brotes actuales siguen bloqueando producciones y exportaciones. 

Por otro lado, la inflación en los países en desarrollo varía entre el 4,7 % en Asia emergente; 28,3 % Europa emergente incluyendo Turquía (que subió del 36% en 2021 al 72 % estimado para 2022); y 14,6 % América Latina y Caribe donde descuellan Venezuela (del 686 al 220 %) y Argentina (del 51,4  a 95 %). 

Estados Unidos trata su inflación como originada por la expansión de la demanda causada por salarios, atacándola con mayores tasas de interés para producir un aumento de la desocupación (la no más vigente curva de Phillips) y el cese de una puja donde los salarios ya estaban perdiendo. Pero parte significativa de los bienes industriales que consume Estados Unidos proviene de otros países, especialmente China y otros asiáticos. Mayores tasas de interés terminarán por doblegar la inflación, pero el costo en desocupación y caída de producción será mayor porque esta inflación no es resultado de puja precios-salarios internos sino de desacoplamientos de oferta externa. Si este será el costo en Estados Unidos en un intento de “aterrizaje suave”, el resultado de las altas tasas de interés para los países en desarrollo será la repetición de la “década perdida” de los ´80 para Latinoamérica. Y ello sería especialmente duro para los países que tienen alta inflación con alta deuda externa, con muchas probabilidades de “aterrizajes forzosos”.

Inflación Argentina

Nuestro país tiene una de las inflaciones más altas del mundo. Ríos de tinta se han gastado en la controversia sobre sus causas, exacerbado al presente por el nivel que en autoengaño llamamos “alta inflación”, hiperinflación para el resto del mundo. La alta inflación tiene características totalmente diferentes a las inflaciones menores al 10 % anual, es otra dimensión. El haber convivido con inflación por generaciones no nos permite comprender que ya el 10 % anual es un problema serio. Para combatir la alta inflación no sirven las recetas que – mal o bien – intentan países importantes con monedas propias de reserva internacional, que no tiene Argentina.

La corriente ortodoxa se reduce a repetir que la emisión monetaria es la principal causa de inflación. No es así, pero en alta inflación el déficit fiscal la retroalimenta. El peso no funciona como reserva de valor, por lo que la monetización de déficit presiona sobre las escasas reservas.

Muchos economistas heterodoxos culpan a las grandes empresas de ser la causa de la alta inflación. El argumento es que las grandes empresas aceleran la inflación con el objetivo de tener mayores ganancias sabiendo que ello desestabiliza al gobierno del FdT, y lo llevaría a perder las elecciones de 2023. No es un misterio que las grandes empresas no quieren gobiernos populares que mellen sus ganancias, pero, ¿son “la causa” o aprovechan que el gobierno les haya dejado la oportunidad servida? No es lo mismo. 

La mayoría de los países se caracteriza por una alta concentración económica. Sin embargo países con similar oligopolización no tienen alta inflación como Argentina. La característica de los oligopolios es tener la mayor tasa de ganancia compatible con su demanda, con precios superiores a los de competencia perfecta. Logrado esto no varían los precios. Los abusos de los oligopolios se controlan con apertura comercial si no hay restricción externa, o con controles de precio si se dispone de poder efectivo. Argentina no tuvo inflación al menos desde 1993 hasta 2001 cuando la Convertibilidad dominó los precios con la apertura comercial irrestricta, y eran casi los mismos oligopolios que ahora. 

Conocemos las fallas de la Convertibilidad: las reservas de dólares que garantizaron el 1 a 1 se lograron malvendiendo los activos estatales, la inflación inercial condujo a la apreciación del peso de más del 50 % (1991 y 1992) y la consiguiente desintegración industrial y su secuela de desocupación y marginalidad que desembocó en la crisis de fin de 2001 cuando se acabaron los dólares. 

Los precios al consumidor en GBA aumentaron un 87,8 % los 12 meses a octubre 2022, el rubro alimentación lo superó (92,1%), con casos notorios de oligopolización, pero el pico fue en verduras (122,8%). Otros rubros subieron más: restaurantes (105,9%) y vestimenta (128,9%). Verduras, restaurantes y vestimenta no son oligopólicos. Cuando la inflación crece todos los empresarios, desde oligopólicos hasta peluquerías, aumentan por expectativas, y no es “maldad intrínseca” sino lógica empresaria pura, especulación basada en décadas de experiencia de la cual no pueden salir por sí mismos. El gobierno tiene que actuar con inteligencia y firmeza para desactivar esa aceleración. La oligopolización no es “la causa” de la inflación, o no la única. Los sectores oligopólicos aprovechan su peso para desestabilizar un gobierno que no representa sus intereses si éste no tiene un plan claro de cómo controlar el desmadre de precios o poder institucional para hacer cumplir sus decisiones. 

La inflación en Argentina desde los años ´40 del siglo pasado es básicamente el indicador de la lucha por la distribución del ingreso entre las distintas fracciones del capital y de éste con el trabajo organizado en sindicatos. En la puja precios-salarios los distintos gobiernos buscaron anclar el tipo de cambio para reducir la inflación con lo que al abaratarse el dólar aumentan las importaciones hasta que no hay más reservas y se produce una devaluación con recesión, para reiniciar el ciclo. El momento actual es más crítico por el nivel de endeudamiento externo demencial con el Fondo y privados que nos legó el gobierno de Cambiemos, endeudamiento que sólo sirvió para facilitar la fuga de divisas.

Cambiemos dejó una inflación del 52,9 %, cayó al 34,1 % en 2020 y volvió a empinarse al 51,4% en 2021 para alcanzar el 87,8% a octubre. Las expectativas inflacionarias son el acelerador enfermizo de la alta inflación, y son independientes del tamaño de las empresas. Al del 51,4 % de 2021 se suman los aumentos del precio de la energía importada y de los alimentos exportados. Durante varios meses no tuvimos superávit comercial. Es mucho más fácil subir precios que reconquistar participación con paritarias, e inclusive las exitosas sólo exacerban las expectativas de profecías autocumplidas de mayor inflación. 

Para evitar una maxi devaluación es correcto tener varios tipos de cambio, por ejemplo el dólar turista que está por sobre el paralelo. Pero sabemos que todos los que tienen excedentes en pesos buscan el dólar más barato, acaparando importaciones mucho más allá de las necesidades operativas, y los ilícitos de la sub declaración de exportaciones, la sobre declaración de importaciones y el contrabando. Es la restricción externa la que nos impide dominar la inflación con competencia externa como se hizo en la Convertibilidad, aunque al costo que ya conocemos. Los dólares genuinos deben venir de un incremento importante de las exportaciones de recursos energéticos y mineros, ya que la estructura atrasada de la industria no lo lograría. Además ello evitaría el chantaje agrario.

Para frenar una creciente espiralización el gobierno intenta reducir la inflación con el acuerdo de precios hasta marzo, básicamente con grandes empresas de alimentación. Al mismo tiempo busca aumentar las reservas del BCRA (en octubre se logró un superávit comercial de 1.800 millones) mientras ruega que la obra del gasoducto que ligará Vaca Muerta al área metropolitana esté operando en junio de 2023, sustituyendo importaciones y más adelante generando exportaciones (Brasil/gasoducto y mundo/gas comprimido en Bahía Blanca). Lo primero sustituiría importaciones antes de las elecciones. Sin reservas la lucha contra la inflación es mucho más ardua.

Bastante más adelante el gas y otros recursos naturales pueden brindar las divisas que estabilicen la situación externa limitando el chantaje de las exportaciones agrarias. Pero el gas, el petróleo, el litio y otros recursos tienen que ser explotados con reglas que beneficien al país, participación de empresas nacionales como YPF, transferencia de tecnología y supervisión efectiva por los organismos de control, única forma de dejar al país una renta importante. Hay que evitar rematar los recursos como se malvendieron empresas durante la Convertibilidad. 

La tarea es dura, difícil y los tiempos muy limitados. Implica un ajuste al corto plazo para no devaluar desordenadamente conduciendo a una inflación mayor durante la campaña electoral, lo que garantizaría la derrota a manos de una derecha antinacional. El tiempo dirá como termina esta pulseada mientras el plano político enfrenta sus propios desafíos impulsado por una esperanza.

* Sociólogo y esconomista, autor del libro Tiempos Chinos.

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