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La disolución de Rusia: un viejo “sueño americano”

Lido Egisto Iacomini *

Publicado: viernes, 23 septiembre 2022

La llamada “guerra de Ucrania” es el capítulo actual de esa empecinada ambición. La actual Federación  Rusia es heredera de la anterior URSS y ésta del Imperio de los Zares. Una historia compleja y apasionante, plagada de contrastes nítidos y contradicciones que tanto alumbraron como ensombrecieron la vida del planeta esto dos últimos siglos.  Para poder comprender un poco mejor las causas  de esta guerra -y sobre todo para poder vislumbrar su derrotero- hay que tener en cuenta algunos acontecimientos históricos que marcan la relación de Rusia con EEUU y con Europa-

Con la caída del muro de Berlín en 1989, la disolución de la URSS y la apertura hacia una perspectiva capitalista de la Federación Rusa, no quedaban “razones” que impidieran el estrechamiento de los lazos económicos y políticos entre Europa y Rusia, especialmente una vez disuelto el Pacto de Varsovia. No sólo correspondía la simétrica disolución de la OTAN sino que Rusia debía incorporarse efectivamente al resto de Europa, incluso al Mercado Común Europeo, posiblemente a la moneda común y a otros organismos e instituciones europeas. La “guerra fría” llegaba a su fin. Recordemos que incluso Gorbachov solicitó la incorporación de Rusia a la OTAN. Gesto replicado posteriormente por V. Putin.

Obviamente quien creo todas las condiciones para que esto no sucediera fueron los EEUU. La Rusia heredera de la URSS era muy poderosa -a pesar del fracaso de “su” modelo “socialista”- y a su enorme dimensión económica, científica y técnica le sumaba un poderío militar y nuclear similar al de los EEUU. Si los norteamericanos estaban alborozados por el fracaso “socialista” era sobre todo porque su objetivo, tras “el fin de la historia”, era alcanzar la hegemonía sobre el mundo unipolar que avizoraban y ambicionaban. Una Europa unida con Rusia adentro era un polo formidable y plantaba de hecho un mundo bipolar. Existían en ese entonces los vectores políticos europeos suficientes en la Francia heredera de De Gaulle, la Alemania aún cargada con un Willy Brandt y la Italia de fuertes tradiciones comunistas, como para equilibrar una balanza independentista de Europa frente al empuje yanky. Aislar a Rusia era necesario para el programa unipolar. 

Hay anécdotas interesantes anteriores. Ya Nikita Kruschev, a un año de llegado al poder soviético tras la muerte de Stalin (1953) y creador de la política de “coexistencia pacífica” tan bombardeada por Mao, hizo un gesto extremo para apaciguar el enfrentamiento con los “aliados” e impedir lo que luego se conoció  como la guerra fría: solicitó el ingreso a la OTAN. Obviamente el pedido fue rechazado tajantemente por Eisenhower.

Porqué hoy es aún más relevante para EEUU el aplastamiento de Rusia 

La humanidad está atravesando un período de cambios profundos y fundamentales. La guerra de Ucrania está siendo prolongada por los EEUU para desgastar a Rusia y así impedir que China (que tiene en Rusia un aliado formidable) adquiera el carácter de principal potencia mundial, ya que esto contribuiría a su ocaso como hegemón imperial y acaso al fin del ciclo neoliberal del sistema capitalista internacional. 

Esta guerra, la de Ucrania contra Rusia, es la continuación de aquella política, de aquel viejo sueño, por otros medios. Hubo quienes, Trump entre ellos, imaginaron poder conquistar a Rusia como aliado contra China y romper ese sortilegio. La realidad demolió ese sueño y repuso a Rusia, la Rusia conducida por Putin, en el viejo lugar del enemigo hoy aliado con su enemigo principal, la milenaria China.

Las características de la guerra actual, que algunos denominan híbridas (concepto cercano al de “guerra total”, acuñado por el nazismo) dentro de la cual la guerra económica, la comunicacional y la cultural adquieren gran relevancia. En esa guerra la creación del “enemigo” (enemigo de la “humanidad” de ser posible) es una tarea fundamental. La demonización absoluta de Vladimir Putin es en este caso central y esta operación sobre la conciencia colectiva de los pueblos constituye una fabricación que tiene en cuenta a la realidad y de alguna manera parte de ella. Y una realidad a distorsionar constituye una labor más simple y eficaz que fabricar una de la nada. Para ello nada mejor que una experiencia histórica controversial y no saldada como la de la URSS, el fracaso ó caída del “socialismo real” y el pasado oscuro de la KGB, de cuyas estructuras surge el personaje.

De hecho esta labor demonizadora capitaliza todo lo hecho por el anticomunismo más reaccionario. Pues aunque aparezca superficialmente contradictorio se trata a la Rusia actual como un equivalente al peligro “comunista” como si ellos mismos (los capitalistas norteamericanos) no hubiesen saltado de alegría, y colaborado, con la disolución de la URSS y su arribo al sistema capitalista. Los argentinos tenemos una experiencia directa y cercana en el tiempo (el de la pandemia) de esa operación sobre la conciencia y los miedos que vienen acumulando. Cuando Argentina logró el acuerdo con Rusia para la provisión de la vacuna, la propaganda de la derecha argentina logró diseminar la desconfianza sobre una vacuna “comunista”. Iban desde la acusación de chapucería científica al burdo riesgo de inoculación “ideológica”, contrapuesta a la seriedad científica de la Pfizer, capitalista y occidental. El prejuicio abarcó a clases sociales casi enteras.

La operación militar rusa sobre Ucrania fue sin dudas una invasión territorial y no haber cumplido con el presunto objetivo de ser una operación relámpago destinada a destruir las instalaciones militares más peligrosas para la seguridad rusa, constituyen una pata floja desde la política, que fue y será aprovechada por las fuerzas atlantistas. Sobre todo teniendo en cuenta que EEUU busca desde hace décadas arrastrar a Europa detrás de su política anti rusa. Para construir una Rusia enemiga de Europa apelan a su presunto espíritu imperial. De eso se tratarían las disputas rusas en torno a Ucrania, Crimea y el Donbáss. La realidad es que a partir de la caída del muro y la disolución de la URSS, todo fue para atrás en su influencia sobre el mundo y en especial sobre Europa. Rusia fue sometida a un acoso sistemático y por eso se ampliaron las fronteras de la OTAN en su torno. Los acuerdos asumidos con Gorbachov fueron pisoteados Y EEUU no recibió con los brazos abiertos a Rusia a su entrada en el mundo capitalista sino que predominó la idea de su aplastamiento. De allí que los atlantistas rechazaran la incorporación de Rusia a la OTAN. Por el contrario mantuvieron y reforzaron la OTAN cuando el peligro “rojo” que había dado lugar a su creación había desaparecido.La demonización de Rusia encontró terreno fértil en Europa. El prejuicio estaba anclado en la conciencia de millones de europeos. Sin embargo las sanciones “occidentales” a Rusia han producido efectos perjudiciales sobre la Europa comprometida con la OTAN y formidablemente favorables para el país castigado. Y nuevamente el General Invierno, al igual que en la vieja guerra contra la invasión hitleriana, acude en auxilio de Moscú. Y la crisis energética puede ser devastadora para la economía y la política occidentales.

* Editor Responsable

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