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La Nueva Ruta de la Seda, el regreso de China

Martin Martinelli *

Publicado: lunes, 07 noviembre 2022

El mapa del poder mundial delinea tres principales potencias China, Rusia y Estados Unidos (sin establecer orden jerárquico). Por lo cual, hasta ahora la alianza entre la euroasiática y la asiática (que eso no sucediera, fue un objetivo primordial de la americana, durante la Guerra Fría), está siendo concluyente. Observamos entonces, la geopolítica euroasiática frente al imperialismo.

En 2013, Putin advirtió sobre la pretensión norteamericana de reconstruir un mundo unipolar. Obama reafirmó la “excepcionalidad norteamericana” que le consentiría dirigir el mundo y así defender los intereses mundiales, esa omisión induciría a “un vacío de liderazgo”. Esa visión estratégica, semejante a la idea religiosa del “pueblo elegido” (como el gobierno israelí), ha protagonizado las guerras del siglo XXI. Alejarse de esa estrategia bélica, promulga la idea china de reconstruir las rutas comerciales pretéritas de Eurasia.

En los últimos dos siglos, si bien el mapamundi está en constante transformación, con altibajos, se mantuvieron varias hegemonías con papeles más regionales o más mundiales, Japón, Rusia (y URSS), China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Alemania, es decir el Consejo de Seguridad de la ONU (excepto China), más los vencidos en la Segunda Guerra. 

El fenómeno más inusitado es el ascenso chino, desde una situación semicolonial, periférica, en una mejora constante con base las transformaciones acaecidas a partir de la Revolución de 1949. Los últimos movimientos tectónicos denotan la importancia del Índico y el Pacífico, frente a la preminencia anterior del Atlántico; si reparamos, por ejemplo, en los puertos con mayor actividad del mundo. O sea, viendo la actividad geoeconómica.

El continente Euroasiático predomina a nivel mundial por una serie de condiciones geopolíticas. Desde su extensión territorial, gran parte de la población mundial interactúa en una contigüidad terrestre escenario de multipolaridad, recursos, variedad cultural y lingüística. 

El orden mundial se modifica de manera sustancial con: China representando el ascenso de Asia Pacífico, Rusia potencia político-militar, territorial e inmensos recursos naturales, más la postura del eje Berlín-París, las resistencias y rebeliones, y el rol jugado por las subpotencias como Indonesia, Arabia Saudita, Irán, Turquía, Australia, México, Brasil, Argentina.

Los logros económicos chinos de los últimos decenios generan una irrupción geopolítica, sin antecedentes. La proporción de la población china que vive en la pobreza extrema ha pasado del 88 % al 2 %, una mejora que benefició a cerca de ochocientas millones de personas.

El “sueño chino” sería el “retorno a la normalidad histórica”, cuando el Reino del Medio tenía un predominio en la economía mundial en los últimos dos mil años. Interrumpido este por el “siglo de la humillación”, desde las Guerras del Opio iniciadas en 1839 hasta 1949 con la Revolución y conformación de la República Popular China. El siglo siguiente, hasta 2050, la devolvería a ese epicentro. Desde 2015, se diseñó una hoja de ruta en lo tecnológico, “Made in China 2025”, dirigido a estrechar su brecha; en 2035, fortalecer su posición, y en 2045, encabezar la innovación global.

La política previa de asociación económica de Washington con Beijing “Chinamérica” quedó erosionada por la crisis del 2008. En la potencia estadounidense, tanto globalistas como americanistas se inclinan por hostigar al nuevo país central. Esa postura serviría para apuntalar un proyecto de recuperación de su dominio mundial. La tercera potencia en discordia es Moscú, desafiante geopolítico y militar no así en lo económico, pero determinante. 

La prioridad inmediata es el acoso naval en el mar de China, zona vital del comercio mundial. Los estrategas estadounidenses consideran que allí se procesarán las principales tensiones entre las dos potencias. Otra estrategia es la reactivación del QUAD, una especie de “OTAN del Pacífico” junto a Japón, Australia, e India (aliados con bases militares o ejercicios conjuntos con la armada norteamericana). Más el AUKUS, Australia, Reino Unido, Estados Unidos. Estas rodearían por fuera el “Collar de perlas”, consistente en una serie de puertos del Índico y el Pacífico con tratados con China, el corredor marítimo de la Nueva Ruta de la Seda (NRS) –a la que Argentina se acaba de sumar–. 

La estrategia estadounidense de rodear al gigante asiático es contrarrestada por la alianza ruso-china manifestada en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), el BRICS+ Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (+ Argentina e Irán). Esa asociación estratégica se acopla en parte de Asia Central –espacio postsoviético–, se inclina hacia Pakistán –aliado tradicional y nuclear de EE.UU.–, e incorpora a Irán (tratado con China de 25 años-, faltaría ver el rol de Turquía según la planificación de la NRS (Teherán-Estambul) con la que se intenta llegar a Europa por los corredores económicos. 

La expansión económica China (cuyo mayor beneficiado es la potencia y con cuestiones a matizar) también lidera la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, en sus siglas en inglés), acuerdo de libre comercio entre quince naciones de la región de Asia y el Pacífico. Lo encabezan China, Japón, Australia, Indonesia, Filipinas y Vietnam. Los países miembros se beneficiarán de aranceles reducidos sobre bienes y servicios importados dentro de la región en los próximos 20 años. 

China ejerce su soberanía en un espacio nacional, con la pretensión de “una sola China”, frente a los vestigios coloniales como Macao, Hong Kong y Taiwán.  Su aparato militar, está en plena transformación y modernización, al tiempo que pregona su actuación pacífica se prepara frente alguna disputa. 

La integración económica y la cooperación entre los países de la NRS y su comunicación con Rusia y Europa, ensamblan la intención de desenvolver el interior del país (como Xinjiang), así como contribuir al crecimiento económico y asegurarse la energía desde Asia central y Oriente Medio. Además, pretende restringir la presencia norteamericana en Asia y construir rutas que el ejército estadounidense no podría interrumpir. La iniciativa de un “cinturón económico” en la antigua ruta de la seda, la NRS (BRI en sus siglas en inglés) dirigida a los países de Asia central, fue incorporando a las demás regiones del planeta, aunque no de manera íntegra. 

La articulación de la NRS –reedición de la antigua ruta de la seda– asume entre sus prioridades el transporte y el intercambio cultural, comercial y tecnológico. Se añade el deseo de incrementar la influencia política de China a nivel global y Rusia se acopla. El país más grande del mundo se articula en las tres rutas de la NRS: la continental (Asia-Europa por Asia Central y Rusia); la marítima (sudeste asiático y a África oriental), y la polar –luego extendida a los demás continentes–. Rusia refuerza su papel en Oriente Medio, y China no pretende asumir el papel que Estados Unidos ha desempeñado en las últimas décadas, si bien no deja de reforzarse. 

La innovación es la vía ferroviaria –la construida y la proyectada– para conectar Eurasia, junto con la marítima y la terrestre. Acompañada de una geopolítica de acercamiento, sin suponer una intromisión en asuntos internos de los países, buscando aliarse a través de puertos (por ejemplo: Ashdod en Israel, el Pireo en Grecia). Por tierra, atravesando pasos trascendentales por Beijing, Urumqi, Astaná, Teherán, Estambul, Moscú, Berlín, Estrasburgo, Rotterdam, con una salida al mar (alternativa al Estrecho de Malaca y más directa) por Pakistán y el puerto de Gwadar. Y, desde la costa China se emprende por el Estrecho de Malaca o pasando por Yibuti en el cuerno de África (única base militar exterior china), el Golfo Pérsico y el Canal de Suez, llegar a Venecia, y por el otro lado, a Japón, Australia, y el Ártico.

A ello se suma Irán, quedaría por verse que sucede con Alemania y Europa en general, y en otro plano con nuestra América. Mientras se sigue desarrollando y expandiendo, desde su planificación inicial, aparecen objeciones o intentos de competir desde el eje atlantista o G7. 

La nueva estrategia geopolítica de China extiende su esfera de influencia, bajo nuevas normas de cooperación económica internacional. Desarrolla cinco áreas prioritarias: coordinación de políticas, conectividad de instalaciones, comercio sin obstáculos, integración financiera y vínculos entre personas, las “cinco conectividades”. En consonancia con su nuevo papel, sus competidores incrementan la rivalidad geopolítica en la región del Indo-Pacífico. 

La NRS se emprendió frente a tres desafíos: el exceso de capacidad industrial y debilitamiento del impulso económico y de la economía mundial, y la estrategia dirigida a Asia con Obama. No se trata un nuevo Plan Marshall, ya que no tiene como objetivo fomentar un bloque económico exclusivo ni implica un cambio institucional coercitivo en países participantes. La gran estrategia de China se resume en una paz para su economía y su estatus global, así como también estabilizar la situación económica y política global, lo cual redunda en un beneficio propio.

El Partido Comunista Chino (PCCh) destaca el “desarrollo pacífico” y un “nuevo tipo de relación de gran potencia” con los Estados Unidos. Integrar una plataforma terrestre para su intercambio global, en el territorio euroasiático desde su país hasta Alemania. Doscientos años de predominio marítimo, las continuadas hegemonías británica y norteamericana, se intercalan con esta resolución terrestre.

La vía terrestre reduce, en algunos casos, a un tercio de lo que se precisa por mar, como para recorrer el trayecto entre Shanghái o el río de la Perla y Europa doce días vía ferrocarril. Transforma la geografía de Asia central y sudoccidental, luego de las invasiones estadounidenses, un tiempo de colaboración que permitiría un “reordenamiento” pero en términos distintos.

Se verifica así, una de las mayores contraposiciones entre las posturas en la forma de inmiscuirse en las políticas internas de las demás regiones del mundo. Estados Unidos mientras generó riqueza económica la acompañó de un inusitado desarrollo guerrerista, en otro contexto de rivalidades interimperiales directas o en un enfrentamiento latente de Guerra Fría frente al bloque soviético. Exacerbado para mantener la dominación a través del dólar y el control de los mares, y añadir gobiernos afines. Una diferencia clave es, por lo tanto, en el plano militar.

En cambio, China con una dimensión poblacional continental, partió desde 1949 con un desarrollo económico de base socialista, un partido comunista. Su proceso excepcional de crecimiento económico, erradicó la pobreza absoluta de cerca de 800 millones de chinos en los últimos 40 años (quedaría por evaluar las consecuencias en las industrias de terceros países). E impulsó, hasta el momento, otro tipo de hegemonía con la NRS. Presenciamos entonces, la reemergencia de Eurasia, y el regreso de China.

* Doctor en Ciencias Sociales y Humanas y profesor de Historia en la Universidad Nacional de Luján

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