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Pakistán, la última puntada, contra Khan.

Guadi Calvo *

Publicado: jueves, 08 febrero 2024

En Pakistán, de no mediar un suceso verdaderamente extraordinario, como una guerra civil o la intervención divina, la carrera política del ex primer ministro, de setenta y un años, Irmam Khan, ha terminado. Dando la última puntada para retornar a las prácticas del pasado, manteniendo a la nación centroasiática, sojuzgada al arbitrio de las fuerzas armadas, el poder omnímodo, desde la fundación del Pakistán en 1947. 

Con la reciente condena a catorce años de prisión, por filtrar documentos reservados, mientras, una larga fila de procesos, más de cien, esperan para seguir cayendo sobre el líder popular más importante de los últimos veinticinco años, el establishment del país centroasiático, entre lo que hay que incluir en primer lugar a las Fuerzas Armadas y en segundo la embajada norteamericana, advierte su destino, a cualquier dirigente, que pretenda revertir el orden establecido.

La “moción de censura”, que el parlamento implementó, para eyectarlo del poder en abril del 2022, fue el inicio del calvario de Khan. Acusado de corrupción, en un primer juicio, el que finalmente fue desestimado; a pesar de ello, contra toda razón, desde agosto del 2023, permaneció detenido.

El gobierno de Khan poco a poco se fue desgastando, dado los desafíos que debió sobrellevar entre ellos, más allá de la violencia integrista, estuvo acosado por una inflación desbordada, el incremento de déficits, que genero quiebres internos en la fuerza gobernarte a lo que se sumó el Covid-19.

La acción parlamentaria se fundó, en lo que se conoce como el caso Toshakhana, en sánscrito “casa del tesoro”. Un departamento controlado por la División del Gabinete de Pakistán, que preserva, para el estado, todos los regalos recibidos por funcionarios de alto nivel. A Khan se lo acusó, inicialmente, de haber vendido, regalos oficiales. Según la acusación, Khan, habría querido vender un reloj de alta gama, y otros obsequios, por valor de quinientos mil dólares, a lo que se agregó, un juego de joyas, obsequiadas, por el príncipe heredero saudita Mohamed bin Salmán (MbS), supuestamente conservadas por su esposa, Bushra Bibi, quien también recibió una condena de catorce años, además de al igual que su marido, la prohibición de aspirar a cargos públicos por diez años, y el pago de una multa al matrimonio, de más de cinco millones de dólares.

En la cuestión de filtrado de documentación, se refiere a un mensaje cifrado, del embajador de Pakistán en Washington, donde informaba acerca de una operación para lograr su destitución. Supuestamente, Khan, mencionó este documento, en un acto público, pocas semanas antes de que fuera derrocado.

El juicio contra Khan, faltó a todas las normas establecidas, ya que bajo el pretexto de que un tribunal puede constituirse en el lugar que los jueces lo consideren, en este caso se desarrolló, en la prisión de Rawalpindi, donde ya se encontraba detenido. Todo el proceso se llevó a puertas cerradas, lo que, según los abogados de Khan, es inconstitucional. El ex primer ministro denunció al juicio como: “una broma y una farsa”. Dado que los equipos de la fiscalía, como los de la defensa, eran abogados nombrados por el gobierno y a los del propio “reo” no se les permitió interrogar a los testigos, incluso altos mandos del ejército, llamados a testificar por la defensa.

No es para nada casual, que el veredicto se halla conocido a pocos días de las controvertidas elecciones del próximo día ocho, a la que obviamente ni Khan, ni su más importante colaborador, el exministro de relaciones exteriores, Shah Mahmood Qureshi. Candidato por el partido de Khan Pakistan Tehreek-e-Insaf, PTI (Movimiento por la Justicia de Pakistán), el que según, todas las encuestas, se habría impuesto en las próximas elecciones, pero también ha sido condenado a diez años de prisión e inhabilitado para ocupar cargos públicos, en virtud de la ley de secretos oficiales.

Con estas resoluciones y en vista de que, desde abril del 2022, este partido ha sido literalmente demolido, ya que se encuentran encarcelados centenares de militantes, entre los que se incluye toda su dirigencia. Se le ha prohibido realizas actos de campaña y publicidad, dejado el camino abierto para la vuelta por cuartas vez Pakistan Tehreek-e-Insaf a Nawaz Sharif, tres veces primer ministro, que cuenta después de haber estado enfrentado, con el apoyo del ejército.

Sharif, quien, tras dejar su último mandato en 2017, tras duros enfrentamientos con los militares, fue encarcelado por corrupción. Para más tarde conseguir escapar a Londres, de donde a pesar de las causas en su contra, volvió el año pasado, con el obvio guiño de la cúpula militar. Rápidamente, las acusaciones fueron levantadas, incluso la prohibición, que tenía de por vida, para realizar, cualquier actividad política. Por su parte, el ejército sacó un comunicado, en que negó cualquier participación vinculación con Sharif, miembro de una de las familias políticas más importante del país.

¿Cómo, evitar una victoria?

Ni bien expulsado de su gobierno, al que llegó en 2018 y los que muchos habían señalado como el hombre del ejército, Khan, utilizando su extraordinaria carrera deportiva, siendo capitán del único equipo nacional de críquet, el deporte más popular del país, que alcanzó en el título máximo de esa disciplina, en la Copa Mundial ODI, de 1992.

A su retiro de la actividad deportiva, después de una relevante carrera en la liga inglesa, donde se cimentó su fama de playboy, Khan vuelve a su país y tras encarar varios proyectos humanitarios, funda en 1996, el PTI, con escaso éxito hasta 2011, cuando, muchos ciudadanos desilusionados, por la crónica corrupción en todos los estamentos, políticos, empresariales y del ejército y el empeoramiento de los índices de desempleo, comenzaron a seguirlo. Proceso que le generó muchísima popularidad, al punto que para 2018, cuando se impone en las elecciones a primer ministro, comenzó a ser llamado “el primer ministro en espera” asumiendo el cargo en agosto de ese año.

Desde entonces, los sectores más postergados del país, se fueron incorporando, a su partido, dándolo un sustento, cada vez más importante y que incluso se multiplicó tras su caída, más allá de toda la propaganda en su contra.

En vista de las necesidades del establishment, para evitar un golpe militar, que blanquee el verdadero estado de situación en Pakistán, fue primordial dinamitar el partido de Khan, para lo que se instrumentaron una gran cantidad de medidas: Desde persecución al asesinato, de militantes y candidatos, como sucedió el pasado, siete de enero, en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa (K.P.), contra un postulante a la Asamblea Provincial, que hacía campaña puerta a puerta, cuando fue ejecutado, por un desconocido.

Esta semana se produjeron al menos tres muertes, relacionadas con la campaña. La primera fue la de Rehan Zaib Khan, quien apoyaba al partido de Khan, quien fue ejecutado balazos, junto a cuatro asistentes, que resultaron con diversas heridas, en el distrito de Bajur, en K.P.

Los otros dos se produjeron, horas después de conocerse la sentencia contra Khan el pasado miércoles, que fue reivindicado por el Daesh, quien habría colocado un artefacto explosivo en un mitin en Baluchistán, también en el baluch fue asesinado un líder local del izquierdista Partido Nacional Awami, en el distrito de Chaman, próximo a la frontera afgana

Miles de militantes están siendo detenidos y perseguidos para impedir manifestaciones, mientras que casi todos los altos dirigentes han sido arrestados o presuntamente presionados para que abandonen el partido. Los medios de comunicación han dado instrucciones a sus periodistas y canales de noticias que no se mencionen al PTI durante sus coberturas.

Otro de los golpes decisivos dado contra el PTI, ha sido la obligación de retirar de las boletas electorales, el símbolo del PTI, un bate de críquet, un dato no menor, en consideración de los altos índices de analfabetismo de la población, lo que la imagen era una indicación precisa, para elegir.

Con todas estas medidas, el establishment pakistaní aspira a superar el peligro que ha significado la irrupción de Imran Khan, quien llegó al gobierno, con importantes planes de mejoras para los sectores más postergados, recortar el poder del ejército y alejar al país de la injerencia de Washington.

Por ahora, la prisión de Khan, cumple el cometido, que no se logró con el intento de asesinato en noviembre del 2022, (Ver: Pakistán, los muertos que vos matáis…) en medio de una multitudinaria marcha, que hubiera terminado de arrastrar a Pakistán a un espiral de violencia, del que todavía no se aleja.

* Escritor, Analista Internacional: especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. Nuestro periodista especializado en tierras raras...

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