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Se dieron manija…

Lido Egisto Iacomini *

Publicado: viernes, 20 enero 2023

Y hubo un día en que Hugo, Lula y Néstor «se dieron manija» mutuamente, para decirlo en dialecto   populista, y le dijeron NO AL ALCA, en la propia jeta, a Bush y aquello si bien no fue una revolución anticapitalista, sí fue un punto de inflexión en los esfuerzos autonomistas de la región.

Fue un 5 de Noviembre de 2005, en la IV Cumbre de las Américas, en Mar del Plata. De los tres líderes latinoamericanos quizás sólo Chávez podría encuadrarse, por carácter, circunstancias y acción, como un revolucionario, pero los tres poseyeron la audacia política necesaria para correrle los límites al desarrollo de sus naciones en dirección a los intereses de sus pueblos, a la reivindicación de sus necesidades postergadas y a la construcción de la Patria Grande. 

Hoy, en el marco de su decadencia y su feroz y desesperada disputa con China por mantener su hegemonía, EEUU ha desatado sobre los países a los que históricamente consideró su patio trasero, una dura ofensiva política, antidemocrática y violenta. El injerencismo, las variadas formas de golpismo e incluso la apelación a asesinatos, como en el caso de los atentados a Cristina Kirchner y Francia Márquez, denotan con harta elocuencia que la lucha será muy dura y será difícil la victoria. 

Por eso es tan importante que la batalla que Lula conduce en Brasil culmine en triunfo. 

El próximo 24 de Enero los Presidentes latinoamericanos se encontrarán en Argentina y tendrán la oportunidad de «darse manija» nuevamente, como hace 17 años en Mar del Plata, y reconstruir la CELAC, en esta Cumbre de NuestraAmérica que es precedida de una Cumbre de los Pueblos que ha elaborada una formidable Declaración.

Tendrán la oportunidad de producir un nuevo punto de inflexión, contra la antidemocrática derecha fascista que se cree indetenible en la región y a favor de la recomposición articulada de la organización y la lucha latinoamericana.

La guerra de Ucrania trajo consecuencias políticas y económicas agravantes sobre una crisis ya preexistente. Pero sobre todo impacta en los mercados y circuitos comerciales y financieros tradicionales. Es decir, como un tiro en los propios pies, en los controlados por el neoliberalismo. Pero tenemos un inmenso mundo alternativo en marcha. La CELAC está, junto al MERCOSUR, en la misma senda que los BRICS, la Ruta y Franja de la Seda y todas las construcciones que surgen y se desarrollan sin pedirle permiso a los viejos amos del mundo.

Bolsonaro ciertamente tiene mucha fuerza porque ha hecho muy buena elección y también porque está montado sobre una de las fracciones del imperialismo norteamericano, la representada por Donald Trump y el partido Republicano, que están en plena pelea interna pero que como se ve, también es internacional. 

En Brasil adquiere relevancia la disputa sobre los mandos de las Fuerzas Armadas. Como en otros países de la región la influencia norteamericana les ha impreso un fuerte anticomunismo (expresado en este país como anti PT) que compite contra el desarrollismo industrialista que caracterizó a la burguesía paulista. Pero su ejército careció de una figura como la de Velazco Alvarado en Perú que sellara su impronta sobre la oficialidad de esa fuerza. Bolsonaro, a fuerza de anticomunismo (hoy absurdamente encabalgado sobre la guerra de Ucrania)  y una vulgar repartija de cargos en su gobierno alineó una fuerte influencia militar. Sus aristas más derechistas se han visto expresadas en la participación de grupos militares en el reciente intento de golpe de Estado. Lula está tomando medidas destinadas a depurar de elementos bolsonaristas y golpistas sembrados por Jair en el aparato del Estado.

Lo enconado de la resistencia derechista también se ha expresado en las organizaciones empresariales. En la poderosa FIESP una reunión de su Consejo Directivo culminó con la destitución de su Presidente, Josué Gomez,  claramente alineado con Lula Da Silva. Esta tradicional Central Empresaria constituyó un fuerte motor del crecimiento industrial de Brasil en los últimos 50 años del siglo XX. El avance del neoliberalismo la transformó en integrante y defensora del proceso de financiarización y evidentemente el bolsonarismo ha aprovechado esta desnacionalización y derechización.

Si Bolsonaro se consolida en un escenario desestabilizador y destituyente, será un aporte a la campaña de Donald Trump. Las posibilidades del triunfo de Trump en la interna norteamericana, alientan la resistencia fascista del bolsonarismo a desconocer el triunfo de Lula. Por lo contrario la derrota electoral de Donald Trump puede ser una dura derrota de Jair. Así las cosas toda indica que la batalla en Brasil será enconada y larga y se libra en los más diversos escenarios.

Por eso vale insistir: la reunión de la CELAC en Buenos Aires reviste una importancia crucial y puede potenciar las mejores perspectivas para el conjunto de nuestros países.

* Editor Responsable

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