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¿Será Alemania quien rompa los barrotes europeos de la OTAN?

Lido Egisto Iacomini *

Publicado: miércoles, 30 noviembre 2022

La presión republicana para hacer pagar a Joe Biden los costos políticos por los costos económicos causados por la guerra de Ucrania, van creciendo al ritmo del acercamiento del invierno europeo. El esfuerzo bélico no sólo impacta de lleno en el presupuesto norteamericano habilitando a la diputada republicana Taylor Greene a encabezar la denuncia sobre la inmensa magnitud del gasto bélico, sino que opera como un apriete de pinzas al combinarse con la presión alemana dispuesta a negociar con Rusia, y China de ser necesario, para aflojar el torniquete energético que le permita mantener competitiva su estructura industrial. 

Alemania no quemó sus naves como lo hizo Gran Bretaña con el Brexit, asociándose incondicionalmente a los EEUU. Además hay causas estructurales que marcan la diferencia: mientras los británicos desterritorializaron gran parte de su industria siguiendo los pasos norteamericanos y haciendo “honor” a su historia de usureros internacionales que valoran primero el capital financiero y luego la producción, Alemania hace depender su futuro de su industria y su tecnología aplicada.

Si la guerra centroeuropea, entre Ucrania y Rusia, fue concebida como un corral atlantista para disponer a la mayoría de los países europeos como tropa al servicio de la OTAN (ver mi artículo La disolución de Rusia: un viejo “sueño americanoBitácora N*1) y de pasada subordinar la economía alemana frenando su crecimiento, erraron los cálculos. El excesivo apriete tienta a Alemania a saltar el cerco ó al menos distanciarse de la aventura bélica y pensar seriamente en los negocios potenciales con la alianza euroasiática emergente.

Turquía le ofreció la válvula que tiende a reponer los puentes con Rusia y no abandonar los sueños estimulantes que la Franja y la Ruta de la Seda y las promesas de su desemboque europeo le ofrecen. 

Canciller Scholz

Si el crecimiento republicano puede hacer prever mayor influencia de Kissinger, la continuidad de la decadencia neoliberal hacia coyunturas implosivas puede llegar a abrir las puertas a las imprescindibles negociaciones de paz. Negociaciones que no se reducirán al respeto de fronteras geográficas, sino a las esferas de influencia determinantes del nuevo escenario geopolítico emergente. El informe de Telma Luzzani sobre la trastienda norteamericana (eldestape 20/11/22) donde se discuten algunos números de la economía es casi complementaria del análisis geopolítico que recientemente realizó Néstor Gorojovsky para Cuadernos de Bitácora N*3 y que terminaba preguntándose, ¿qué hará Beijing con Berlín? espejando el título original de una nota que señala las perspectivas de ida y vuelta que implica la deriva alemana hacia China. Un daño colateral, un resultado indeseado de la guerra de Ucrania contra Rusia que desataron los EEUU.

Es posible intentar una respuesta. La más presumible es la cara del espejo que ilumina a China: con paciencia esperarán que la fruta caiga por madura, manteniendo su oferta a Berlín de negocios win win. Más imprevisible es lo que hará Alemania. ¿Hasta qué punto permitirá el debilitamiento de su economía, y particularmente de su desarrollo industrial por seguir el juego norteamericano embarcado en la OTAN? El redoblado rearme alemán puede tener dos significados contradictorios: ó direccionarse hacia una política de seguridad autónoma ó desbarrancar en un aventurerismo antirruso al paladar de los norteamericanos. El transcurrir el tiempo bajo la erosión de la crisis económica resultante de los devaneos bélicos de Zelensky y los estrategas norteamericanos desestabilizará los equilibrios políticos internos de la políticaalemana, afectados ya por la falta de un timón férreo como el que supo mantener Angela Merkel.

 El interrogante de plena vigencia es entonces ¿Que hará Berlín con Beijing?

* Editor Responsable

1 Comentario

  1. Avatar

    Muy bueno el planteo, en lo personal, pienso que en Alemania terminará triunfando la racionalidad, en defensa de sus intereses nacionales y resulta probable que inicie accionar similar en otras naciones europeas.

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