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¿Será américa latina quien encontrará una salida democrática en este mundo en peligro?

Grazia Civinini *

Publicado: viernes, 20 enero 2023

La democracia está cada vez más en peligro en todo el mundo, pero los intentos de preservarla y fortalecerla siguen estando, fuertes, vitales, permitiéndonos pensar en el éxito de nuestra lucha. Nuestra responsabilidad es claramente consolidar cada vez más la democracia y la conciencia de su importancia en la vida de cada ser humano.

La tentativa de golpe de estado en Brasilia del 8 de enero es una prueba contundente de un increíble aumento de la violencia y del ninguneo de los valores de la democracia, nunca vista en los numerosos golpes de estado, dictaduras y gobiernos autoritarios que lamentablemente conocemos muy bien en América Latina, que se relaciona profundamente con la impunidad mental de los asesinos de Fernando Báez Sosa en 2020 en Villa Gesell. Se destruye al otro con absoluta normalidad.

Brasil con Jair Bolsonaro se ha pasado en la construcción del odio con las redes sociales, los fundamentalismos evangélicos, el racismo, la homofobia, el macartismo, el cristofascismo y las mútiples y variadas manifestaciones de violencia. Este 8 de enero han copiado el asalto de Donald Trump al Congreso del 6 de enero de 2021, pero el recién asumido Lula da Silva ha podido pararlos con el apoyo del Superior Tribunal de Justicia, del Congreso y de buena parte de la población, fundamentalmente por la democracia que habían podido construir en los anteriores gobiernos y la fuerte capacidad política. El mismo Bolsonaro pudo solamente destruir mucho, crear odio con el apoyo policial y miliciano, pero no construir una nueva estructura de país. Así se espera – y se trata de una esperanza fuerte con fundamentos sólidos – que Lula pueda reconstruir a la democracia de Brasil y ser una pieza clave para la democracia de América Latina.

Esta reconstrucción de la democracia es muy importante para el bienestar de los pueblos. En todo el mundo hoy se están enriqueciendo cada vez más sectores más pequeños, mientras los pueblos tienen cada vez más hambre y menos posibilidades de vivir dignamente. Y el cambio climático, que no se enfrenta, amenaza la desaparición de la vida. Y la democracia está perdiendo cada vez más sentido, reduciéndose a sectores cada vez más pequeños.

La situación es variada y contradictoria en América Latina, pero se vislumbran muchos cambios positivos.

En Perú las fuerzas armadas y policiales, a pedidos de la presidenta Dina Boluarte, disparan a  mansalva especialmente de la zona del Puno a ciudadanes que se rebelan contra “el gabinete de la muerte” en que se ha transformado el Congreso que el pueblo quiere cerrar para renovarlo con elecciones legítimas, piden la renuncia de la presidenta y la liberación del presidente Pedro Castillo, quien aun si no ha podido manejar el desastre democrático del país, no tiene porque estar ilegítimamente encarcelado desde hace un mes. Hasta no han permitido el ingreso de Evo Morales al país por haberse declarado en contra de los ataques al pueblo peruano. Pero el pueblo peruano sigue en la calle y hay mucha esperanza de cambio para lograr la democracia.

En Colombia el 10 de enero han intentado matar con un artefacto explosivo a Francia Márquez, la vice-presidenta del 1º gobierno de izquierda, que promete cambio maravillosos y hasta ahora inesperados después de décadas de narcotráfico del principal productor de cocaína para los Estados Unidos, extractivismo, minería ilegal, paramilitarismo. Pero Francia  y Gustavo Petro van a seguir con fuerza el cambio radical hacia la democracia. Como prueba básica, han restablecido relaciones con Venezuela, absurdamente cortadas, por el bloqueo inmoral de los Estados Unidos, que han tenido que ceder a partir de la guerra con Ucrania por la necesidad del petróleo venezolano.

En Uruguay, gobernado actualmente por la derecha del presidente Lacalle Pou y mucha disconformidad popular, hay fuerte expectativa que en las elecciones presidenciales de 2024 vuelva a ganar la izquierda con el Frente Grande.

En la Argentina las expectativas para las muy cercanas elecciones presidenciales de 2023 son aún poco claras, entre democracia y falta de democracia, con un predominio da la mafia del poder judicial, un gobierno débil y candidatos inciertos, pero todo parecería indicar que tendría que volver a ganar la democracia.

Bolivia, con Luis Arce Catacora en la presidencia, está estable políticamente e ideológicamente, especialmente después de haber puesto en la cárcel al peligro que representa para la democracia el gobernador del derechista departamento de Santa Cruz Fernando Camacho.

Chile, con el primer gobierno de izquierda de Gabriel Boric después del golpe a Salvador Allende de 1973, después de Pinochet y muchas democracias relativas como la de Sebastián Piñera, también parece estable, aun si todavía no se ha consolidado una fuerte democracia, muy debilitada por tantos antecedentes nefastos.

La derecha sigue en Paraguay y Ecuador. Mario Abdo Benítez es relativamente democrático solamente por haber sido elegido en elecciones después de muchos presidentes en las mismas condiciones. Con Guillermo Lasso la pobreza se ha incrementado notablemente después del gobierno extraordinariamente democrático de Rafael Correa. En ninguno de los dos países se vislumbran alternativas democráticas de verdad.

El panorama democrático en América Latina es decididamente alentador, como un ninguna otra parte del mundo. Las trabas a la democracia en el continente, que tradicionalmente fueron los Estados Unidos y el Reino Unido, se han debilitado profundamente y no se ve ninguna perspectiva de cambio.

Europa también es muy desoladora. La pobreza, la búsqueda de medidas para sacar todos los privilegios al pueblo, como la reforma que quiere hacer el presidente de Francia Emanuel Macron, subiendo la edad mínima para jubilarse, las medidas anti pueblo que está tomando la 1º ministra italiana Giorgia Meloni. El atraso democrático del Reino Unido después de la separación de Europa del Brexit y las actuales medidas del 1º ministro Rishi Sunak son tristemente empobrecedoras. Fundamentalmente no se vislumbra ninguna alternativa de cambio. Reuniones permanentes con la OTAN, medidas contra Rusia a favor de Ucraina, sin debatir nada a fondo.

América Latina decididamente pinta bien para las esperanza de un futuro democrático.

* Dra. Ciencias Políticas Universitá La Sapienza di Roma, Lic. Trabajo Social UBA

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