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Turquía

Gabriel Fernandez *

Publicado: viernes, 19 mayo 2023

Recep Tayyip Erdoğan. Dos décadas después, la importancia de un liderazgo y las vicisitudes de una elección

Las elecciones en la nación que conduce Recep Tayyip Erdoğan. Las dos décadas recientes, el acercamiento a la Multipolaridad y el proceso económico interno. Claves del crecimiento sostenido. La oposición, una Unión Democrática a la turca. Lo que está en juego.

Un antiguo proverbio turco indica que No siempre sopla el viento que el marinero desea. Otro, de larga historia y más reciente vigencia a partir de la Reforma Constitucional de 2017, que Dos capitanes hunden una nave.

LOS FACTORES. Este domingo 14 de mayo se realizarán las elecciones generales en la República de Turquía. Si ningún candidato alcanza el 50 por ciento de los votos, habrá una segunda vuelta, el día 28. La contienda no es menor: se trata de los comicios más importantes, en el plano internacional, del año en curso. 

Varios elementos se arraciman para justificar esta definición. Por un lado, se trata de una nación importante en si misma; por su decurso histórico y por su volumen presente. Su PBI alcanza un billón de dólares, su territorio se extiende desde Europa oriental hasta Asia occidental, su población orilla los 85 millones de habitantes. También, debido a su presencia en el panorama mundial. Es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y del Grupo de los 20. Claro está, forma parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La economía de Turquía es dinámica. Se trata de una imbricada combinación de servicios, industria moderna y agricultura tradicional. Los sectores de industria y servicios vienen modernizándose aceleradamente, con orientación estatal y participación privada. Sin embargo, la producción primaria aún es responsable del 25 por ciento del empleo.

Este país juega un importante papel en la estabilidad del Mar Egeo, en la medida en que desde 1974 el norte de la isla es territorio administrado por Turquía. De hecho, en septiembre de 2022 el gobierno turco anunció el reforzamiento de su presencia militar en esa región chipriota  ante la decisión norteamericana de suministrar armas al gobierno que conduce la zona Sur. No sin motivos, Turquía evaluó que los Estados Unidos estaban prestando apoyo militar a Grecia para controlar el Egeo. 

La presencia de esta nación bicontinental es clave para la Unión Europea (UE) ante la compleja situación migratoria: en marzo de 2016 firmó un Acuerdo con esa entidad para contener el desplazamiento de personas desde Turquía hasta las Islas del Egeo.

Por otro lado, Turquía, como miembro de la OTAN, tiene la capacidad de obstaculizar el acceso de nuevos países a esa Organización. El caso que detonó la más reciente reyerta diplomática es el de Suecia, cuya adhesión fue vetada por Turquía, molesta por las facilidades establecidas por el país nórdico para el establecimiento de ciudadanos kurdos. En el trasfondo político económico, sin embargo, las razones son más variadas. Ahí emerge la nueva relación de fuerzas a nivel mundial. 

PROBLEMAS Y REALINEAMIENTOS. El ser humano suele cosechar su siembra. A veces es sana y caudalosa, pero en ocasiones se revela magra y tóxica. La falta de tolerancia y, por tanto, de inteligencia, para afrontar la cuestión kurda, sigue siendo un dolor de cabeza para Turquía. El error de ese gran pueblo sin Estado, al recostarse sobre el amparo occidental, es atribuible a su archipiélago de conducciones drásticas, pero también a la potencia que orienta Recep Tayyip Erdoğan: por su propia dimensión, debería abordar el problema mediante opciones de salida razonables para todos los protagonistas. No es el único traspié de este país. La masacre del pueblo armenio, entre 1915 y 1923, todavía damnifica la imagen turca en la región.

Turquía viene alcanzando un importante papel en la guerra entre Rusia y la OTAN que se plasma en territorio ucraniano. Aunque ha suministrado algunas armas a Ucrania, dentro de las exigencias impuestas por la entidad bélica a los países de Europa, viene operando como una importante fuente de apoyo económico para la Federación de Rusia, facilitando el desvío de las sanciones forzadas por Occidente en áreas clave, como alimentos, combustibles y productos de altas tecnologías.

En ese sentido, la nación que hoy debate en las urnas su futuro, se prodigó en alcanzar acuerdos sobre el grano, fundamental para permitir la exportación de cereales a través del Mar Negro y aliviar los riesgos de seguridad alimentaria para países de Oriente Medio y África, lo que ha sido difundido como una victoria de su diplomacia. Ese logro, descripto en estas Fuentes, se alcanzó mediante negociaciones directas de Turquía con Rusia. Las mismas anularon los intentos del bloque anglosajón para extender el litigio: había minado el Estrecho del Bósforo. 

RECEP TAYYIP ERDOĞAN. El líder que por estas horas pone en juego una primacía de dos décadas, se formó hilvanando dos perfiles: el musulmán, adentrándose en la Escuela para imanes, y el económico, fatigando números en la Universidad pública de Marmara. Sobre los comienzos de su acción política, ganó las elecciones municipales de Estambul. Inexperto y rodeado por un marco nacional proclive a Occidente, fue acusado de islamista radicalizado y de nacionalista extremo. Lo destituyeron, lo metieron en cana y, quizás, le hicieron un favor; durante cinco meses tuvo tiempo de reflexionar, a la sombra. Desde entonces fue comprendiendo que lo cortés, no quita lo valiente.

Tras ser liberado de prisión, Erdoğan –cabezón- fundó en 2001 junto con otros colegas del “ala modernista” del movimiento islamista Millî Görüş, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). El AKP accedió al poder en las elecciones de 2002 y, cuando en 2003 el Tribunal Constitucional levantó la prohibición para que asumiera cargos públicos, pasó a ser miembro del Parlamento, primero, y primer ministro, después. Por entonces, sus planteos religiosos y políticos eran más integradores que los conocidos en los albores. 

El primer mandato de Erdoğan (2003-2007) resultó exitoso desde el punto de vista económico: se produjo una fuerte expansión, una reducción de la desigualdad y del desempleo y la inflación no superó al 5%, tras haber estado en tres dígitos una década antes. Este desempeño económico estuvo acompañado de importantes reformas estructurales para priorizar el respeto de los Derechos Humanos y el Estado de Derecho. De su mano, Turquía ingresó a la UE. Sin embargo, las cosas se complicaron durante la crisis financiera.

Entre 2007 y 2011 logró que la economía turca persistiera en un crecimiento moderado, pero con menor creación de empleo y menor capacidad para desplegar inversiones, locales y externas. Sin embargo, la oposición, percibida como antinacional por amplios sectores de la población, solo usufructuó el malestar social mediante protestas sin derivación concreta. El AKP transitó su prueba de fuego: se mostró eficaz para administrar un Estado en dificultades y una baja relativa en la popularidad de sus referentes.

Pero, sin lugar a dudas, el giro profundo se produjo en 2017, cuando esa organización en el gobierno promovió la sustitución del sistema parlamentario por un modelo presidencial ejecutivo, que permitió a Erdoğan sincerar sus rasgos de caudillo y aquilatar más poder. El musulmán, economista y político, se reveló como un inteligente estratega que absorbió los nuevos tiempos de la emergente multipolaridad y fue situando a su nación en las cercanías de sus principales motores. Unos cuantos liberales, a izquierda y derecha, habrán pensado tendríamos que haberlo dejado en la cárcel. Así, el primer ministro se irguió, más allá de los títulos, en jefe de Estado y conductor de un pueblo musulmán y nacionalista.

TERREMOTOS EN CAMPAÑA. Pero, lo dicho: No siempre sopla el viento que el marinero desea. Recién recién, cuando la hegemonía del AKP parecía imbatible, dos terremotos extraordinarios sacudieron la región. Los más afectados fueron Turquía y Siria. La fractura más grande al sur fue gestada por el enorme movimiento tectónico principal en la madrugada del 6 de febrero de 2023. La segunda fractura, ubicada más al norte, fue causada por la fuerte réplica que ocurrió el mismo día. Murieron más de 50 mil personas y 6 millones tuvieron que desplazarse hacia otros puntos del país. ¿Qué tiene que ver todo esto con las elecciones?

Bueno, resulta que la zona devastada configura un eje de la base electoral del oficialismo. Todavía, y por buen tiempo, se trabaja en la reconstrucción. Los millones re localizados en emergencia tendrán enormes dificultades para concurrir a votar y en este mismo momento las autoridades exprimen sus cerebros para establecer mecanismos que lo permitan. Recién a mediados de abril el Estado logró recomponer un puñado de casas listas para ser habitadas; si se toma en cuenta que el terremoto demolió más de 900 edificios, resulta comprensible la preocupación. Las provincias de Gaziantep y Kahramanmaras pueden equipararse socialmente, con la lejanía del caso, al segundo y tercer cordón del Gran Buenos Aires. Allí, Erdoğan es mencionado como el Reis (El Gran Jefe).

Este año la economía turca viene padeciendo un intenso proceso inflacionario. Como el lector sabe, que ese fenómeno se extienda urbi et orbi no significa que quien lo vive directamente no se sienta perjudicado. Sin embargo, el gobierno no cedió a la tentación de atar las variables a un plan anti inflacionario: sostuvo bajas las tasas de interés, insertó crédito blando en la comunidad y dispuso fuertes subas del salario mínimo (desde enero de 2022 hasta hoy la base de ingresos de los trabajadores aumentó un 180 por ciento). Ahora, hace equilibrio para compensar en el mercado interno el gran aumento de los precios de las materias primas y de la energía, motivados por la guerra en Ucrania, así como la presión dolarizadora en contra de la lira turca.

La búsqueda de divisas, ese fantasma que martiriza a tantos, ha generado distorsiones y enfrentamientos internos en la administración, al punto de eyectar cinco presidentes del Banco Central (les llaman gobernadores) y, en sintonía, una fuerte campaña opositora y mediática para lograr la “independencia” del organismo. Lo cual no es otra cosa, como lo demostró la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) en 1935, que entregarlo a los intereses financieros privados. Erdoğan no debe haber leído a Arturo Jauretche, quién sabe, pero ha llegado a conclusiones semejantes.

EL NUEVO MODELO ECONÓMICO. Desde el primer semestre del año pasado, el gobierno impulsó su “Nuevo Modelo Económico”, basado en la promoción de la inversión productiva privada y el consumo a través de la reducción de las tasas. Erdoğan y su grupo de asesores económicos más estrecho se basan en tendencias de pensamiento económico heterodoxas como el neo fisherismo, según el cual las subidas en los tipos de interés nominales darían lugar a mayores tasas de inflación. Por estos pagos se llama de otro modo, pero el asunto no es tan diferente. Así se explica la política monetaria implementada por el Banco Central de Turquía, de un signo contrario al resto de Bancos Centrales, acumulando entre enero de 2022 y marzo de 2023 rebajas en los tipos oficiales de interés de 550 puntos básicos.

El Banco Central de Turquía introdujo una estrategia de “lirización”, con el objetivo de estabilizar la divisa turca reduciendo la dependencia del país de monedas internacionales. Una de las piezas centrales de esta estrategia es la promoción de los depósitos protegidos frente a fluctuaciones del tipo de cambio. En esencia, el Estado cubre las pérdidas en el valor de los depósitos en liras turcas derivadas de depreciaciones de la moneda que no quedan cubiertas por la remuneración de los depósitos ofertada por el banco.

Otra herramienta de la estrategia de lirización consiste en establecer requisitos adicionales a las entidades bancarias que no tengan al menos el 60% de los depósitos en liras turcas. Estas entidades deben depositar divisa extranjera adicional en el Banco Central de Turquía y tener mayor cantidad de bonos de deuda pública en la moneda local. Estas decisiones, diferentes a las adoptadas por el resto de las naciones europeas doblegadas a las instrucciones del gran capital financiero parten de considerar la necesidad de tener un tipo de cambio justo en la línea de flotación que favorezca la producción nacional y reduzca la importación.

En definitiva, Turquía presenta fuertes tasas de crecimiento económico, cuentas públicas saneadas, consumo sostenido. La economía turca consiguió no contraerse en 2020, en pleno año de pandemia, presentando una tasa de crecimiento cercana al 2%. En 2021 la tasa de crecimiento del PBI superó el 11% y en 2022 el 5%. Se prevé una ralentización del desarrollo, debido a la influencia de los terremotos, pero igual superará ligeramente el 3 por ciento durante el año en curso y el venidero. Esta realidad puede haber provocado ataques de pánico combinados con otros de ira en los redactores económicos de El País, The New York Times, The Times y qué decir de La Nación e Infobae.

Se percibe con un repaso nomás. Al analizar la situación del país, esos y otros medios cargan a los gritos con “la ratio de deuda pública”, “los pasivos contingentes para el Estado”, “el gasto que implica la protección de los depósitos en liras” y “los gastos adicionales en que está incurriendo el Estado para hacer frente a los efectos de los terremotos”, lo cual les permite anunciar – desear “cierto deterioro de las finanzas públicas en ausencia de un plan de consolidación fiscal en el medio plazo”. Observaciones muy similares a las lanzadas contra Angela Merkel en su momento y a las que se empiezan a deslizar sobre varios BRICS en la actualidad.

Pero como la única verdad es la realidad, un informe de Bloomberg asentado en datos de la OCDE, después de desbordar predicciones nefandas, admite que “Una gran parte de la población apoya la figura de Erdoğan por identificar en él al líder que llevó a millones de turcos a engrosar la clase media”. Así son las cosas.

UNIÓN DEMOCRÁTICA A LA TURCA. Tres son los principales candidatos a las elecciones presidenciales: Recep Tayyip Erdoğan, Kemal Kılıçdaroğlu y Sinan Oğan. El gran contendiente del líder es Kılıçdaroğlu, a quien Occidente promueve como el Gandhi turco. Tras muchas presiones, el atlantismo logró anular la  candidatura de Muharrem İnce, popular entre los votantes jóvenes, ya que restaba potenciales apoyos a Kılıçdaroğlu. İnce fue el principal contendiente de Erdoğan en las pasadas elecciones de 2018, pero desapareció de la escena abruptamente al recibir el impacto de un 53 por ciento de adhesiones para el APK.

Kılıçdaroğlu es un economista de 74 años, referente de la Alianza Nacional, una coalición de seis partidos, de distintas ideologías, unidos por el deseo común de que se produzca la sustitución de Erdoğan. Lo que se diría, lector, una Unión Democrática a la turca. Inicialmente, la Alianza estaba formada por cuatro partidos: Partido Republicano Popular (CHP), de centroizquierda y kemalista, al que pertenece Kılıçdaroğlu; Partido Bueno (IYI), de corte conservador, cuya líder es Meral Akşener; Partido de la Felicidad (SP), islamista y conservador, encabezado por Temel Karamollaoğlu; y Partido Demócrata (DP), de centroderecha e islamismo moderado, liderado por Gültekin Uysal. A esta alianza de cuatro partidos se unieron posteriormente otros dos, que salieron del espacio de Erdoğan: el Partido del Futuro (GP) y el Partido Democracia y Progreso (DEVA).

Aunque en su seno hay vertientes que se auto proclaman sin pudor “Bueno” y “Felicidad”, es preciso ahondar en sus contenidos. Por otro lado: no se preocupe, lector, si no puede retener los nombres.

Las concepciones de los seis partidos de la Alianza Nacional son variadas y las une el anti erdoganismo. Las tensiones internas de la oposición pro anglosajona quedaron de manifiesto el pasado mes de marzo, cuando Meral Akşener, la líder del Partido Bueno –este periodista no logra escribirlo sin esbozar una sonrisa-, anunció su decisión de retirarse de la Alianza Nacional, por no apoyar la decisión de que el socialdemócrata Kılıçdaroğlu fuera el candidato presidencial. Sin embargo, tres días después, anunció el retorno de su corriente tanto por las fuertes críticas sufridas como por la promesa de que si Kılıçdaroğlu alcanza el poder, Ekrem İmamoğlu, actual alcalde de Estambul, y Mansur Yavaş, alcalde de Ankara, serán nombrados vicepresidentes. Por supuesto, Erdoğan aprovechó este episodio para mostrar a sus contendientes como voceros de un proyecto inestable.

El principal objetivo de la Alianza es sustituir el actual sistema ejecutivo-parlamentario por un sistema parlamentario reforzado, con una presidencia de un solo mandato de siete años, así como un primer ministro fuerte. Se reduciría el límite para contar con representación parlamentaria hasta el 3%. Es decir, pretende debilitar los cargos directamente relacionados con la voluntad masiva y quebrar la conducción de un líder potente.

En cuanto a la economía, la Alianza Nacional se compromete a elaborar un plan anti inflacionario destinado a obtener cifras de un solo dígito en un plazo de dos años, a trabajar por la apreciación de la lira turca y a promover la “independencia” del Banco Central. Entre las coincidencias alcanzadas por los distintos componentes, agita duplicar los ingresos per cápita medidos en dólares en un plazo de cinco años.

En materia de política exterior, manifiesta su anhelo de estrechar relaciones con los Estados Unidos. Los vínculos de Turquía con el Norte se enfriaron con el acercamiento a la Multipolaridad, y en lo puntual con la adquisición del sistema de defensa aérea ruso S-400, lo que le valió la expulsión del programa jetfighter F-35 en 2019. La Alianza Nacional buscará negociar su readmisión a dicho programa. Asimismo, en caso de que Kılıçdaroğlu llegara al gobierno, Turquía aceptará la adhesión de Suecia a la OTAN. Con respecto a la UE, apunta a conseguir su ingreso.

Como dato de color, cabe indicar que varias fuerzas de izquierda adscriben a esta Alianza. Sus compañeros de otras latitudes, según explican en La Izquierda Diario, condenan a Erdoğan por realizar una campaña “ultrareaccionaria” caracterizada por su “homofobia”, su rechazo a las exigencias LGBT. En la nota más reciente sobre el tema indican que “El islamoconservador Recep Tayyip Erdoğan es conocido por su LGBTfobia” y denuncian que “el presidente Erdoğan ya no retrocede ante ninguna mentira y endurece su retórica reaccionaria al final de la campaña para halagar a los votantes con las convicciones más retrógradas: el conservadurismo religioso, racismo y anti LGTB”.

Las empresas de sondeos electorales en Turquía, como en tantos países, realizan su juego según sus clientes. Por un lado KONDA y Panorama vaticinan una victoria de Erdoğan. Metropoll da una ventaja de entre 3 y 5 puntos a Kılıçdaroğlu. Esos presuntos anticipos son lo menos interesante del artículo que usted tiene entre manos, lector. Muchos analistas prevén que sea quien fuere el vencedor, no alcanzará al 50 por ciento, lo que llevará a la realización de una nueva ronda comicial. Preventivamente, la oposición ya está agitando denuncias de fraude electoral, sin más sustento que la calificación de “populista” (para sus promotores, sinónimo de deshonesto) con que etiquetan a Erdoğan.

En tanto, Bloomberg insiste: “Turquía es una economía clave, especialmente desde el punto de vista geopolítico, por lo que el resultado de estas elecciones es relevante en el plano internacional. Gane quien gane, es urgente retornar a la ortodoxia económica y garantizar la ´independencia´ a las principales instituciones del Estado”.

Se entiende lo que está en juego.

  • Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

Pintores turcos contemporáneos. Alexander Llichev, Ahmet Oran Sergisi, Kemal Kamil Akca, Ramsi Taskiran.

* Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Gráfica / Autor de Fuentes Seguras

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